Alan Turing

In Memoriam

Alan Turing

 

Durante la década de los años setenta descubrí, por primera vez en mi vida, lo que me fascinaría tanto que terminó convirtiéndose en mi profesión. La informática, los distintos lenguajes de programación, pero sobretodo me fascinó el poder comunicarme con las “máquinas”.

En septiembre de 1978 comencé a estudiar fortran, un lenguaje primitivo de programación que ya apenas se recuerda. Al principio de mis estudios descubrí a un gran matemático y uno de los grandes precursores de aquel mundo que me envolvía. Naciendo hacia un futuro que en ese entonces se creía pura ciencia ficción; aunque nada más lejano de la realidad, ya que la trayectoria sería imparable y vertiginosa.

Todavía hoy recuerdo cuando el profesor de matemáticas, que nos explicaba y enseñaba matemática binaria, nos habló de un personaje que no venía en los libros que en ese momento estudiábamos; su nombre: Alan Mathison Turing, nacido en Londres el 23 de junio de 1912. Una de las grandes mentes que tuvimos la suerte de tener en el mundo.

No, no voy hablar del científico, el matemático y el genio que habitaba en Alan Turing. Para ello hay mil artículos mejor escritos, redactados por periodistas sesudos y serios. Al fin y al cabo, sólo soy una escritora de ficción a la que le interesa mucho más la persona que estaba dentro de ese cuerpo, que el matemático o el genio. Por cómo pensaba Alan Turing; las máquinas aún hoy siguen sorprendiéndome más que los humanos.

Me fascinó su forma de entender las máquinas, la manera mágica en que las concebía.

Es posible que aquí algún lector quiera rasgarse las vestiduras. Querido lector si al llegar aquí quieres destruir tus ropas, sólo recuerda revisar si estas en un lugar privado o público, no me hago responsable de cierto tipo de multas.

¿Desde cuándo la magia y las matemáticas van juntas? Desde siempre… sería la correcta respuesta. Pues la magia es parte de la vida y sólo aquellos que se atreven a mirar al final del arcoíris pueden llegar a entenderlo. Alan Turing se atrevió a mirar más allá del arcoíris, más allá de donde roza el pasado y el presente se fusiona con el futuro.

Hoy me pregunto; ¿Qué pensaría de nuestro mundo tecnológico? ¿Le habrían brillado los ojos fascinados al ver sus ideas llevadas a la práctica? ¿Qué sentiría al tener en sus manos un teléfono móvil capaz de ejecutar mayores programas y más complejos que los mejores ordenadores de los años 70? ¿Qué hubiera pensado de los ordenadores modernos, de los pequeños móviles con capacidades inimaginables en los años 70, por no hablar de la época primera de éstos? Posiblemente estaría fascinado y los vería con los ojos de la imaginación en un futuro distinto. Pero no le dejaron… no le permitieron ni tan siquiera vivir y disfrutar de lo que había ayudado a germinar.

Nadie puede afirmar que no podía haber vivido cien años que cumpliría este verano; pero de igual manera que no se puede afirmar tampoco se puede negar. ¿Por qué no consiguió ver llegar al primer hombre a la luna? ¿O participar de la creación de las primeras computadoras(1)?

Sólo porque era homosexual. Una palabra que en el pasado equivalía a un castigo y hasta pena de muerte, y que por desgracia aún lo sigue siendo, en la actualidad, en muchos países. No era recto, no era heterosexual, no era… ¡Maldición! Era una gran persona, un gran científico, pero por encima de todo era un hombre y debería haber sido libre para amar a quien quisiera. Pero los grandes inquisidores, moralistas, políticos y religiosos de nuestra “era moderna”, que tanto lucharon contra el nazismo, pero que a la vez pregonaban la misma verborrea destructiva, sólo que con otro cariz revestido de humanismo, no se lo permitieron.

Como todos los homosexuales de la época, Alan Turing tuvo que hacer frente a terribles consecuencias. Los grandes moralistas, hipócritas, religiosos y políticos ingleses, estos tan aclamados heterosexuales… o debería decir “trogloheteros”, le castigaron porque dentro de sus mentes no importaba la grandeza de las personas, sino con quiénes se acostaban, siempre y cuando éstas fueran del mismo sexo.

Los grandes “señores” que muy elegantemente se sentaban en los clubs masculinos a desflorar mujeres de la India, China, África o las que tuvieran entre sus manos, en aquél momento. Esos dignos moralistas consideraron que Alan Turing era un pervertido porque amaba a otros hombres. Curioso rasero para juzgar a los demás tenían estos señores de peluca e hipocresía.

No respetaron al hombre, no respetaron al genio. De hecho lo persiguieron durante años hasta que consiguieron demostrar que era homosexual.

La historia dice que se suicidó. En cambio yo afirmo que lo asesinaron. A un hombre que había luchado y entregado tanto a su país y a sus contemporáneos. Alan Turing fue acusado de homosexual, sentenciado a castración química, condenado a ver como su cuerpo se deformaba, como su sexualidad era destruida, y la que siempre había sido su carrera se iba al traste. ¿Realmente fue un suicidio o un asesinato?

Aún hoy el primer ministro inglés dice; que no puede ser exculpado, porque fue condenado por las leyes de aquél entonces en Inglaterra. Por lo que se ve, tendremos que esperar a que pasen otros cien años para que algún remilgado ministro reconozca el atentado contra la humanidad que cometieron en la persona de Alan Turing, y contra muchos otros hombres cuyo mayor delito fue no ser “rectos”, “derechos” o como demonios quieran definirlo.

Por ti Alan Turing. Tus máquinas guardarán en sus entrañas tu historia y tu memoria hasta el final de los tiempos.

 

Hael Adom

 

1.- Quiero aclarar que en la primera época de la informática el nombre correcto era Computadora, ya que la palabra ordenador llego mucho mas tarde, en los inicios de los años 1980 con la aparición de los nuevos modelos individuales.

Comentar

¡Necesitas ser un miembro de IN MEMORIAM para añadir comentarios!

DdS a favor del matrimonio igualitario

Síguenos en twitter

Síguenos en facebook

Miembros

AFILIACION DEL BLOG

Para afiliar Despertares de Stonewall


Links de Interés

© 2018   Creado por Annie Moneth.   Tecnología de

Emblemas  |  Reportar un problema  |  Términos de servicio