Todas las mañanas nos desayunamos con nuevos capítulos de las corruptelas, menudeos y latrocinios que políticos y oligarcas practican en el suelo patrio. Nos causa alarma e indignación. Ellos son el sujeto del eslogan “no hay tanto pan, para tanto chorizo”. Nosotros, en cambio, somos el pueblo, honrado y benemérito, benefactores de la humanidad. Este juego de ellos y nosotros es muy útil para construir el maniqueo, pero es más falso que un euro de madera.

Resulta poco creíble que todos los pícaros de España hayan optado por las mismas profesiones. Es más cierto que vivimos en una sociedad que no reprocha la trampa, el engaño y la corrupción. Esto es tanto así, que no tenemos ningún empacho en votar y volver a votar a personajes corrompidos fuera de toda duda. Es un poco la consecuencia de la moral católica, que es mucho más laxa con los pecados del dinero que con los de la carne. Es diferente el caso de las sociedades luteranas que también son muy estrictas en relación con la verdad, la honestidad y el no meter la mano en la caja. Nada más lejos de mi ánimo que hacer una loa a lo luterano, pero sí es cierto que vemos todos los días cómo nuestros vecinos del norte y el centro de Europa no pasan una en ciertas cuestiones.

Por ejemplo, en Alemania y en países escandinavos hay ministros que han arruinado su carrera y, ¡oh, milagro!, han dimitido porque han descubierto que habían copiado párrafos de su tesis doctoral. Hay presidentes de República que han tenido que dejar su cargo por cuestiones de fraude al fisco. Hay jefes de estado que se han ido a casa porque les han pillado mintiendo. Como decía Rafael “El Gallo”, “hay gente pa’ tó”.

En España existe una admiración sin límites hacia todo aquel que miente, que defrauda, que hace trampas. Recordando a un antiguo responsable político madrileño (ya fallecido), “esos son unos hijos de puta, pero son nuestros hijos de puta. Todo está bien si son de los nuestros.

Todos hemos vivido con la sensación de que el chaval que no copiaba en los exámenes era tonto. El más aplaudido era el que menos estudiaba y más copiaba. Y el hecho de que uno que se había dejado los cuernos sacara peor nota que el tramposo, no generaba ninguna repulsa. Al revés; el que estudiaba era un “pringao”, un pusilánime y un personaje de dudoso valor.

Ahora, antes y siempre vemos cómo las bancadas del propio partido se enfervorizan cuando sus líderes mienten como bellacos, incluso ofendiendo a la inteligencia. Pero el problema no es que los colegas leviten con el embuste. El problema es el eco que hacen los medios de comunicación y las gentes en los bares. ¡Qué grande es este Pinocho, si es de los míos!

Aquí la gente no es que copie párrafos de su tesis doctoral, es que se inventan carreras que no han hecho. Y no pasa nada. Incluso se ha instalado el subterfugio de la mentira encubierta cuando se escribe en los currícula oficiales “tiene estudios de ingeniería”, que en palabras pobres quiere decir que se matriculó en primero y le suspendieron todas.

Pero no hay que ir tan lejos. Los amigos más celebrados son los que no solo practican las trampas, sino que tienen la inmensa bondad de enseñarnos a hacerlas: bajarse películas, música o libros por la cara, no pedir factura con IVA a los que nos hacen labores en casa (fontaneros, albañiles, etc.), a los que saben colarse en las listas de espera, a los que compran en el top manta, a los que viven en la economía sumergida (no por necesidad, sino para ganar más dinero, el black power),... En fin, que en el primer párrafo casi nadie se reconoce, en el segundo solo unos pocos, pero aquí nos han pillado a todos con las manos en la masa. La moral tramposa no tiene reproche y todos estamos inmersos en las corruptelas, que benefician instantáneamente a nuestros bolsillos pero tienen víctimas reales: los creadores, los ciudadanos, las sociedades,… La cuestión es quién coloca la línea que separa el menudeo de la corrupción. ¿Es cuestión de moral o de capacidad de subir escalón? Evadir al fisco 20 euros o 20 millones, ¿es solo cuestión de oportunidad?

Esta mañana, sin ir más lejos, centenares de individuos vitoreaban a la entrada de los juzgados a un famoso defraudador de impuestos, un tal Lionel Messi que, junto a su papi querido, comparecía ante el juez para dar cuenta de sus felonías ante el fisco. Como este pequeño ciudadano argentino parece tener grandes habilidades jugando a la pelota, la sociedad no aparenta hacerle reproche moral alguno. Lo curioso es que en el saco de la impunidad esté papi querido, individuo que solo ha dejado huella sobre la faz de la Tierra por vivir  a costa de su talentoso hijo. En cualquier caso, ambos no solo han vampirizado los bolsillos de los 100.000 forofos del Barcelona que pagan sus cuotas, sino que en su inmensa avaricia se han conjurado para saquear los bolsillos de todos los ciudadanos españoles. Los 5 millones de euros que nos hurtan cada año, son los responsables de que miles de ancianos abandonen sus tratamientos porque no pueden pagarse la medicación. Son los responsables de que miles de niños no puedan comer en el colegio y tengan problemas de malnutrición. Son los responsables de que a partir de ahora a los enfermos crónicos y de larga duración les cobren las medicinas en los hospitales. Son los responsables de que se acabe la ruta para un niño que vive a 20 kilómetros de su colegio. Son los responsables de que a los viejos les esquilmen las pensiones. Son los responsables de que a cientos de miles de familias les finalice su prestación por desempleo. En sus ratos libres, el más joven mete goles y el mayor vive del cuento. Pero para estas joyas no hay ningún reproche social. Haremos todos un esfuerzo para que a esta pobre víctima le resarzan con un incremento de sus emolumentos que dejen impoluta su cuenta bancaria. La verdad es que nuestras sociedades cambian a peor. Por mucho menos Al Capone acabó en la cárcel. 

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Respuestas a esta discusión

Jo, es que has retratado muy bien la situación. Sólo espero que el tener a la mano tanta información (y paciencia para separar la que nos intenta manipular de la que nos intenta informar) podamos terminar de formar nuestra personalidad social de manera que salga de todo esto un país mas entero y mucho más intransigente con los que usen la vía fácil, que a todos nos cuesta mucho llegar a tener algo en la vida (familia, casa, comer, colegio, salud... ) y lo justo es que lo consigamos trabajando todos a una. La política debería ser para generar el bien del país, ¿no? Al menos los buenos políticos, formados con buenos ciudadanos....

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