Título: Amor en el infierno

Autor: Hael Adom (Leah Abraham)

Página web de autor:

www.cronicas-de-otro-mundo.com

 

 

 

 

 

 

Este relato no es ficción, sino que está basado en hechos reales. Por esa razón, solo porta la primera letra de los nombres de los protagonistas y por supuesto, no se habla del lugar de la guerra, ni del año, ni del país. Tampoco daré datos de las armas que usan (ya que podría delatar el lugar del conflicto del que se habla), ni del entrenamiento o del estilo de lucha por la misma razón.

La vida es un conjunto de circunstancias que nadie es capaz de predecir. A veces para alcanzar el paraíso, hay que descender a los infiernos más crueles.

Era noche cerrada cuando L llegó al Punto de extracción. El teniente al verla llegar no podía dar crédito a que le hubieran enviado una mujer y para colmo una tan pequeña. El subfusil que portaba era casi tan alto como ella, la mochila debía de pesar tanto como todo su cuerpo. Su rostro con el pelo corto parecía tener 13 años como mucho.

¿En qué demonios estaba pensando el Alto Mando para mandarle una niña?

Pensó, mientras la saludaba formalmente.

—Teniente, se presenta la sargento L. He sido designada para esta unidad, siento llegar con retraso, pero tuvimos ataques durante el camino.

—Sargento, ¿le han informado de su cometido en esta unidad?

—Sí, así es, señor.

—¿Eso presupone que no tendré que ir a rescatarla en medio de una lluvia de balas?

Por toda contestación ella sonrió, haciéndola parecer aún más joven si era posible.

—Señor, si cree que hemos terminado con los diálogos de presentación, ¿puede ponerme al corriente de la situación?

—La situación es comprometida sargento, no voy a engañarla. En este momento tenemos dos miembros del comando de extracción que han desaparecido, no sabemos en qué punto fueron heridos, su cometido ha sido cumplido…

—Pido permiso para entrar a por mis compañeros, señor.

—No voy a arriesgar más hombres, es una empresa imposible.

—Señor, me enseñaron que nunca se deja a nadie atrás.

—Puede que solo encuentre flores*

—Aun así deben ser recogidas, señor. Vuelvo a insistir.

—Permiso concedido sargento, pero solo puede llevarse a otro hombre con usted. Entre y salga cuanto antes sargento, no podemos esperar más allá del amanecer, hayan llegado ustedes o no.

—Entendido, señor.

L se despidió formalmente.

Antes de lo previsto estaban entrando en la zona en conflicto, la noche les protegería mientras la luna no saliera iluminando el territorio que tenían que cruzar, delatándolos con su luz plateada. Solo eran sombras en las sombras, en silencio como si fueran fantasmas.

Al llegar a un cruce vieron una patrulla que estaba vigilándolo, L miró hacia su compañero –él cual no se había sentido muy cooperativo cuando le pidió que tenían que ir a por sus compañeros desaparecidos– este levantó el subfusil y L le golpeó en la mano mientras negaba con la cabeza.

—No, sin armas de fuego —dijo en un susurro imperceptible—. Cuerpo a cuerpo, nada de ruidos.

T la miró como si se hubiera vuelto loca, pero era su oficial superior y no le quedó otra que seguir sus instrucciones, aunque dudaba mucho que salieran vivos de la pelea. Él no era un hombre pequeño, media más de un metro noventa, pero su compañera sí llegaba al metro sesenta era ser optimista y pesaría la mitad de cualquiera de los tres hombres que hacían guardia.

La vio hacerle señas para que esperara, ella dejó el subfusil en el suelo y la ametralladora que llevaba. Después como si fuera un gato, se acercó a la espalda del hombre más cercano. En dos movimientos sincronizados dejó fuera de combate a los dos primeros guardias y se lanzó a por el tercero, sin darle tiempo a gritar o disparar. El ataque relámpago de L sorprendió tanto a los hombres de la patrulla como a T. No pasó ni tres segundos del comienzo y ella era la única que quedó en pie.

Luego retornó a por sus armas de fuego y continuó el viaje hacia el centro de la zona, donde se suponía estaban desaparecidos sus compañeros.

Un fogonazo y un silbido casi imperceptible le avisó del ataque, sin pensarlo golpeo a T en el hombro con su cuerpo, lanzándolo por un agujero que había en la pared. A pocos metros del agujero donde estaban caídos hizo explosión el misil, pero ya se encontraban fuera de su alcance.

L les salvó la vida por segunda vez.

Cuando el silencio se reinstauró escucharon un murmullo, T se incorporó, era el "hombre" y aunque odiara tener un sargento femenino en su unidad, no quería dar la impresión de cobarde, por lo que se adelantó en contra de lo que L le estaba indicando. Entró en la habitación contigua, allí estaban sus dos "compañeros de unidad" abrazados, algo que le revolvió el estómago. Ahora comprendía la actitud del teniente.

L paso por su lado empujándolo y en un susurro pregunto.

—¿D y S?

—Sí, aquí —dijo S.

Ella se acercó hasta donde estaban ellos, agachada para no ser vista desde la ventana.

—¿Cuan graves son vuestras heridas?

—Fui alcanzado en el hombro, no estoy grave, pero D no puede caminar señora. Él fue alcanzado en varios puntos del cuerpo, tiene dos balas en la pierna izquierda y yo perdí mi subfusil al rescatar a D.

—¿Es muy grave la pérdida de sangre de D?

—La he conseguido retener con un torniquete en la pierna, pero aun así es imposible que camine.

—T vuelva al Punto de extracción e informe al teniente de la situación que hay aquí. Ahora, sí saben dónde estamos.

—Señora es suicida quedarse aquí, no debería…

—T obedezca, vuelva al Punto de extracción ¡Ahora! El área está despejada, no tendría que suponerle un gran problema.

—Puedo hablar, señora —pregunto T.

—Sí —le dijo L a T—. Ahora vuelvo —añadió para S.

Se levantó y se llevó a T a otra habitación interior, parecía una vieja cocina.

—Permiso concedido, hable T —dijo L secamente.

—No deberíamos de arriesgarnos por dos maricones —dijo T sin ningún tipo de formalismos.

—Soldado ¿Le he preguntado por su inclinación sexual, cuando le he salvado la vida? —preguntó bastante enfadada L.

—No, señora —dijo T al darse cuenta del enfado de su oficial superior.

—Entonces obedezca mis órdenes y espero no tener que repetírselas. Otra cosa, lo que ha creído ver, lo negaré y será su palabra contra la mía. Yo que usted me cuidaría mucho de lo que vaya contando en los próximos días. Pero usted decide si quiere pasarse el próximo año pelando patatas en la cocina.

—Sí, señora —dijo T mientras iba a salir hacia el agujero por el que habían entrado.

L le sujeto del brazo firmemente.

—Está loco o es tonto. Por ahí no puede salir, hay vigías en lo alto de la casa de enfrente, le verán. Tiene que salir por la ventana de esta habitación, arrástrese mientras rodea la casa, no vaya por el mismo lugar donde están apostados, así evitará que lo maten. Esperaremos aquí a que vengan a rescatarnos. Que envíen un pájaro.

—Sabe que el teniente no querrá arriesgar un pájaro para recoger flores.

—Aquí no hay flores. Vaya y cumpla con su misión, soldado. Y hágalo o me encargaré de usted personalmente. Aunque no lo crea, saldremos con vida de aquí y no olvido.

T saltó por la ventana y L volvió dónde estaban D y S.

—Dudas aclaradas —dijo en el mismo murmullo de antes, aunque se dio cuenta que S se había distanciado de D— S esperaremos media hora aquí, si no saldremos por nuestra cuenta.

—D no puede caminar y no voy a dejarlo aquí —dijo S.

—No vamos a dejar a nadie atrás. ¿D está inconsciente?

—No, señora —dijo D—. S deberías dejarme, ya te lo pedí antes.

L se dio cuenta que S estaba temblando por el miedo que le producían las palabras de D.

—Vuelva a abrazarlo S, el frio de la noche puede hacerlo entrar en estado de conmoción.

—Cuando han entrado le estaba intentando ayudar con sus heridas —dijo S—. No era lo que parecía.

—Vine a rescatar a mis compañeros de unidad y os he encontrado, el resto es asunto vuestro.

—Pero T...

—Por él no os preocupéis, es su palabra contra la mía y juraré que es mentira.

—Pero no lo es —dijo D.

—No importa D, para T no ha pasado nada —dijo L firmemente—. Ahora deberías descansar, sino llega el transporte, tendremos que ir nosotros.

L se sentó al lado de ellos y aguardaron más de tres horas sin que llegara ningún pájaro a por ellos. Al final L se cansó de esperar y decidió volver por su cuenta. No fue fácil sacarlos, S cargaba con el peso de D sobre su cuerpo, mientras L llevaba las armas e iba despejando el camino hasta la Punto de extracción donde estarían a salvo.

Dos meses después.

Después del rescate se habían convertido en amigos.

Nadie habló de lo que había visto T cuando fueron a rescatarlos. Así que el hecho hizo que la unidad masculina se tomara mejor el tener un sargento femenino. No muchos oficiales estaban dispuestos arriesgar la vida para salvarlos y saber que tenían uno que estaba dispuesto a meterse en el infierno a por ellos, les ayudó a superar sus tabús con respecto a que fuera una mujer.

Aun así L prefería la compañía de D y S en lugar de la del resto de compañeros. Se sentía más cómoda y menos prejuzgada por ellos. Aunque siempre intentaba darles margen para que se sintieran tranquilos y no hostigados por su presencia.

L sabía que eran amantes, no le importaba. Pero había una verdad oculta detrás de la sonrisa de L, ya que con el transcurso del tiempo se había enamorado de los dos.

Era la última cosa que L hubiera deseado que le ocurriera. Además no podía explicar cómo estaba enamorada de ellos, lo lógico sería que se enamorara de uno de ellos, pero no de los dos. No los quería por separado, realmente sentía que quería ser parte de ellos, pero no se hacía ilusiones, sabía las pocas posibilidades que tenía.

Ellos por su parte deseaban casi continuamente su compañía, la buscaban y la querían con ellos. Realmente, si T hubiera hablado no le habrían creído el resto de sus compañeros, ya que la insistencia de D y S en estar con L, desmentía cualquier insinuación que T hubiera querido contar.

Dos meses después recibieron el primer permiso de descanso, tenían libertad por tres días y luego deberían volver a la base. L estaba en su habitación, al ser la única mujer de la unidad tenía una sola para ella, era una de las pequeñas ventajas de su rango. Tocaron a la puerta cuando estaba haciendo el petate para irse.

—Hola S —dijo L sonriéndole— ¿Preparado ya para nuestras cortas vacaciones?

—Sí, así es —dijo S devolviéndole la sonrisa— D y yo nos preguntábamos, si querrías venir con nosotros. Vamos al Este a las playas, si te apetece venir a nosotros nos gustaría que lo hicieras.

—¿Estáis seguros? —pregunto L con el corazón palpitando de emoción.

—Sí, lo estamos si quieres venir. Nos encantaría contar con tu compañía.

—Acepto. ¿Cuándo pensáis iros?

—Dentro de media hora. D tiene un coche de quinta o sexta mano, pero nos llevará a las playas.

—Perfecto, no tardo nada —dijo L mientras S se marchaba y ella volvía a su petate.

Seis horas después arribaban a las playas del Este. Los recibieron los últimos rayos del sol rojizo que se iba escondiendo tras las montañas, creando hebras de mar carmesí y dándole un color cobrizo a la arena. Estaban solos, allí no había nadie, la playa había sido un hervidero de gente durante el día, pero a esa hora la mayor parte de las personas la habían abandonado dejándosela a ellos.

—Vamos hasta nuestro pequeño lugar, es una cueva que no está lejos, te gustará L —dijo D pasándole un brazo juguetón por encima de su hombro.

—No sé yo… —dijo de broma L— Pensé que iríamos a un gran hotel.

—¿Por cuenta del ejercito? —dijo S uniéndose en el abrazo a L.

—Es lo menos que podrían hacer, ¿no creéis? —dijo L abrazándolos a su vez.

Los tres rieron felices de encontrarse por fin tal cual querían. No tardaron nada en llegar hasta la cueva marina que estaba en el borde de la playa, allí se sentaron juntos.

—Bonito lugar —dijo L— ¿Cómo lo descubristeis?

—Fui yo cuando llegue al país, pero no era de la cueva de lo que queríamos hablar —dijo D muy serio.

—¿Os vais a casar? —sugirió L riendo.

—No —dijo S, también sumamente serio, mientras miraba a D.

L se dio cuenta de la gravedad de la conversación y su corazón se paralizó.

—L —dijo D acariciándola la mano—Hemos… hemos estado hablando S y yo. Y queríamos… queríamos decirte…

—D tú no eres tímido, no tienes por qué serlo ahora —dijo L, sin apenas poder respirar.

—No es timidez —dijo S, recogiendo la mano libre de L entre las suyas—. D como yo tenemos miedo… miedo a tu respuesta.

—Si no me lo decís, es un poco difícil que pueda decir que sí —dijo L sonriendo.

D se acercó más a L y le paso el brazo por los hombros.

—No es una petición… normal —dijo D.

—¿Y desde cuando nosotros somos normales? —pregunto L, cada vez más intrigada.

—Está bien, S voy a decirlo y que ocurra lo que tenga que ser —dijo D, cogiendo la mano de S junto a la de L entre las suyas— Te queremos con nosotros, queremos que te unas a nuestra relación, pero L que te unas a los dos, no a uno de nosotros.

L los miro sin dar crédito a lo que terminaba de oír, aunque su corazón latía a mil por minuto.

—¿Estáis seguros? —pregunto L, intentando serenar las emociones que pujaban por desbordarla.

—Oh si —dijeron al unísono.

—¿Creéis que encontraremos un país que nos quiera casar a los tres? —pregunto L riendo y abrazando a D, mientras sentía los brazos de S rodeándola.

—Lo encontraremos, amor —dijo S besando su cuello y desabrochándola la camisa.

—Tiene que existir alguno —dijo L apoyando su cuerpo en el pecho fuerte de S.

—Si no, lo crearemos —dijo D riendo y ayudando a S a desnudarla.

L cerró los ojos respirando el salobre aroma del mar, dejándose envolver en el placentero sentimiento de sus cuerpos juntos, en los abrazos de sus compañeros, cuando sintió los labios de D besándola y los labios de S muy cerca de sus bocas, para unirse en el beso. Sus sabores se mezclaron en sus lenguas y sus manos se perdieron en sus cuerpos entrelazados.

No hubo palabras hermosas, ni romances largos, ni flores y coqueteos. No hizo falta. No había tiempo, sus vidas pendían de un hilo demasiado fino y dentro de tres días tendrían que volver al infierno. Cualquiera de ellos podría morir o podrían morir los tres… el amor que se profesaban en secreto no moriría, quedaría grabado en aquella cueva y en aquel mar carmesí.

Ella había ido a rescatar a sus compañeros del infierno y había encontrado el amor.

*N.A. Flores: Es la manera que los ejércitos tienen de definir a sus muertos en combate.

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Respuestas a esta discusión

me ha gustado mucho. gracias por compartirlo.

Hola me gusto la primera vez que lo leí y esta tambíen , gracias por compartirlo

Hermoso. Y más porque es un hecho real. Una historia para el recuerdo. Gracias por compartir esta historia.

Hermosa historia. Gracias por compartirla con nosotr@s.

Bella historia

Una historia preciosa, gracias por compartirla

 

Me re gustooo!!!!!!!!!!!!!! fue hermosoo...que bueno que se quedaronn todos juntoss...!!!!!! a mi me encantoooo!!! gracias por compartirloooo !!!!!!!

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