Título original: UNLOCKING LOVE (2010)

Autor: Scarlet Blackwell

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www.scarletblackwell.com



Stephen se giró desde la ventana cuando Austin entró con el almuerzo. Su sirviente asintió con la cabeza –más en silencio que de costumbre- y comenzó a poner la mesa. Stephen lo miraba en silencio.

Stephen sabía que la gente pensaba que era un señor frío e interesado. Sin sexo, sin amor, sin amigos. Estaba lisiado, al cojear de un accidente de equitación infantil en el cual se rompió la pierna izquierda. Gobernaba a su personal de servicio con firmeza, pero con justicia, no amistoso aunque siempre educado. No invitaba a ninguna familiaridad; nadie lo llamaba por su nombre.

No obstante, bajo el helado exterior se quemaba un corazón apasionado.

Sus ojos recorrieron con deseo al alto sirviente, a la figura esbelta en su apropiada levita y ajustados pantalones. Austin tenía veinticinco años, diez menos que él. Tenía la cara de un ángel, con una impecable, blanca como la leche, casi translúcida piel. Sus ojos eran grandes, de un sorprendente color azul marino, y estaban enmarcados por unas espesas, pestañas oscuras; y sus labios eran como un perfecto capullo de rosa, rosado. Con el brillante pelo azabache peinado hacia atrás con aceite, era suficiente para llevar a Stephen a la locura.

Stephen se mordió los labios al sentir su rígida polla. «Voy a terminar colgado por ti, pero si tan sólo pudiera tocarte una vez, valdría la pena».

A veces deseaba mostrarse tierno con su sirviente, estrecharlo entre sus brazos en su enorme, vacía cama. Otras veces se imaginaba comportándose como una bestia, despejando con violencia los platos de la mesa, forzando a Austin boca abajo entre los escombros, y poseyéndolo rudamente, con maestría, haciéndole gritar de placer y rogar por más.

De cualquier manera, era amor; le decía su corazón latiendo violentamente mientras estudiaba a su sirviente. Sin embargo, no veía el interés en aquellos implacables ojos azules, incluso si hubiera sido lo bastante valiente. «Desearía que supieras la forma en que arponeas mi helado corazón y haces que se derrita».

Stephen se irguió rígidamente y se aclaró la garganta, cruzando los brazos detrás de su espalda mientras se movía por la habitación. —Gracias, Austin. —El sirviente inclinó la cabeza con respeto y se alejó. Stephen nunca había visto sonreír a Austin y ahora nunca lo haría. Nunca había visto que Austin delatara el más mínimo atisbo de emoción. ¡Cuán perfectos habrían estado juntos!, pensó con ironía.

—Un momento, por favor, Austin.

Su sirviente se volvió, esperando. Las manos de Stephen temblaban detrás de su espalda.

—Tengo malas noticias para usted. Voy a tener que dejar que se marche. —Esperó a observar el primer destello de emoción en el rostro de Austin y no quedó decepcionado.

Austin se rompió. Su boca abierta. Después de todo, era un ser humano. —No comprendo, —balbuceó—. ¿Por qué? ¿Es por mi trabajo?

—No, Austin —murmuró Stephen. Astillas de arrepentimiento lo traspasaron.

—Entonces, ¿por qué? —imploró Austin, con las manos unidas, apretándolas—. Señor, tengo familia que confía en mi trabajo. —Sus ojos azules estaban llenos de lágrimas y sus pálidas mejillas, brillantes de color.

—Lo siento. —Un nudo en la garganta de Stephen como una manzana casi lo ahoga. «Oh, Dios mío, esto no va del modo en que quería que fuera»—.  Por favor, recoja sus cosas. Se le pagará tres meses por despido.

Austin negó con la cabeza. —Dígame lo que he hecho mal. Sea lo que sea, puedo rectificar la situación, señor. Pero, por favor, no me despida, se lo ruego. —Dio un paso adelante. Estaban más cerca de lo que nunca habían estado antes.

Stephen dio un paso atrás; golpeando el borde de la mesa. Los vasos que había encima, temblaron musicalmente. La proximidad de Austin y ver el derrumbe de su sirviente ante sus ojos, era insoportable.

—Lo siento, —dijo otra vez sin poder hacer nada—. Obtendrá unas referencias excelentes. No tendrá que luchar para encontrar otro puesto.

—No quiero otro puesto, —exclamó Austin. Llevó las manos contra el pecho de Stephen, los dedos agarrando el fino material de su chaqueta. —Sólo quiero estar bajo su cargo.

Stephen parpadeó. El toque de Austin le quemaba a través de la ropa. Su aliento se congeló en la garganta.

—Si me envía lejos, me iré con el corazón roto.

El corazón de Stephen tartamudeó. Levantó las manos, doblando los dedos alrededor de los de Austin. Era la primera vez que se tocaban. El aire crujía con la tensión.

Stephen soltó el aire; —si le despido, romperé mi propio corazón.

Se hizo un silencio pesado, las miradas se encontraron. Austin apretó con fuerza los dedos de Stephen. Parecía como si fuera a llorar; su pálido rostro, ansioso y demacrado; las pupilas tremendamente dilatadas en los ojos de color del océano.

—No tengas miedo —susurró Stephen.

Austin negó con la cabeza y se pasó la nerviosa lengua por los labios. Dolorido por la necesidad, Stephen cubrió con una mano grande la mejilla de Austin y la desplazó para tomar, finalmente, lo que quería.

Austin gimió suavemente, cuando Stephen lo besó, y envolvió los brazos alrededor de su cuello. La boca de Austin era todo lo que Stephen había soñado: suave, jugosa y apasionada, prendía cada célula de su cuerpo en llamas. Lo apretó contra él; el bulto en los pantalones de su amante moliéndose contra su polla endurecida. Casi se hacía demasiado sentir, correcta, la evidencia del deseo de Austin por él ahí; no sabía cómo iba a durar.

Stephen empujó a Austin hacia atrás y lo levantó sobre la mesa, barriendo fuera de su camino los platos y vasos con estrépito. Austin se sobrecogió de excitación cuando Stephen lo empujó separándole los muslos para colocarse entre ellos. Stephen hurgó en los pantalones de su sirviente, sacando la rígida polla de Austin.

Austin sacudió las caderas, su pecho agitado, apenas sorprendido por derramar suspiros de su boca cuando Stephen lo tocó. El espesor de Austin, la longitud de seda entre sus dedos, hicieron que Stephen se pusiera incluso más duro.

Dio un paso atrás, le quitó las botas de charol a Austin y tiró hacia abajo de los pantalones y los calzoncillos de lino de su sirviente. Cayó de rodillas entre las piernas de Austin y lamió la brillante perla que caía del extremo de la polla de éste, saboreando su gusto. Austin se estremecía. Desnudo de cintura para abajo, su pálida piel era un impresionante contraste con la madera de caoba oscura.

Stephen levantó la mirada hacia él, sus manos acariciando sus muslos abiertos. —Eres tan hermoso —susurró, la mano rodeaba la base del eje de Austin junto con sus bolas. Eran como dos ciruelas maduras. Stephen chupó cada una de ellas.

Austin gimió en voz alta. Agarró un puñado de pelo de Stephen cuando éste se tragó su polla profundamente, para después retroceder, dejándola brillante con saliva. Stephen dio unos toquecitos con la lengua sobre la hinchada, rosada cabeza, mirando el placer en la cara de su amante.

—Quítate el resto de la ropa.

Austin, respirando con dificultad, los azules ojos abiertos de anticipación, se apresuró a obedecer. Se quitó la chaqueta, el chaleco, la corbata y la camisa, revelando un torso liso, delgado, con una línea de vello oscuro que lo recorría por el centro hasta la mata de pelo limpio entre sus fuertes muslos.

Stephen se estremeció de placer. Agarró las caderas de Austin, tirando de él hasta el borde de la mesa, separándole cada vez más las piernas. Luego se chupó un dedo y sondeó entre las mejillas maduras de Austin, acariciando la estrecha entrada.

Austin gimió y contuvo la respiración cuando el dedo de Stephen, lo penetró. Stephen se levantó. Succionó un pequeño pezón rosado con la boca, lo recorrió con su lengua, dejando un pico duro, húmedo.

Austin se retorcía frotándose con abandono contra Stephen, envolviendo las piernas alrededor de las caderas de éste. Sus manos trabajaron los pantalones de Stephen abriéndolos con audacia, empujándolos hacia abajo, dejando al descubierto las cicatrices de su pierna. Stephen casi retrocedió por temor, pero Austin no pareció darse cuenta de ello. Estaba más interesado en la polla de Stephen.

El toque de la delicada mano de Austin alrededor de su eje llevó a Stephen al frenesí. Pensó que iba a explotar.

—Por favor —jadeó Austin, luchando contra él—. Fólleme.

Stephen presionó un beso en los hinchados labios de Austin. —Será un placer. —Se lanzó encima de la mesa detrás de su amante no sin antes localizar un plato de mantequilla medio-derretida. La respiración de Austin entrelazada con el deseo apenas contenido, mientras observaba los dedos de Stephen hundiéndose en el plato, poniéndose un poco sobre la polla antes de frotar lentamente alrededor de su entrada.

Austin tomó el eje de Stephen, tirando de él más cerca, guiándolo. Stephen sujetó con dureza las caderas de Austin, devorando su boca mientras penetraba a su amante, hasta el fondo, en un deslizamiento fácil.

Austin gritó. Sus muslos apretados en torno a Stephen, los talones tamborileando en su espalda. Se besaron desesperadamente, las lenguas enredándose mientras Stephen se conducía en él, sintiendo los estremecimientos de placer que sacudían el cuerpo de Austin con cada embestida. La mesa temblaba y crujía debajo; más platos se estrellaron contra el suelo.

La cabeza de Austin cayó hacia atrás. Sus manos aferraban el trasero de Stephen, urgiéndolo, tirando de él cada vez más profundo. Su polla dura, atrapada entre sus cuerpos, goteaba sobre su tenso estómago. —Oh Señor, Señor... —gritó jadeando, entrecortadamente.

Stephen forzó ligeramente su sudorosa garganta. —Mi nombre es Stephen. Se agachó y encerró la polla de Austin, masturbándolo con rapidez.

Austin temblaba violentamente. —Stephen, Stephen...

Al oír su nombre de aquél modo, en los labios de ese hermoso hombre, se deshizo por completo. Se corrió sin poder contenerse, derramándose en un torrente. Los músculos de Austin se apretaron duro en torno a él, ordeñándolo hasta la última gota mientras Austin se corría en acelerados, chorros de semen blanco que cruzaban su pecho y estómago. Colapsaron juntos, sin aliento, frente contra frente, apoyándose cada uno en el otro.

Las manos de Stephen enmarcaban la cara de Austin mientras lo miraba a los ojos. —Nunca soñé que me correspondieras. Perdóname por ser tan cobarde como para intentar algo y despedirte. Soy tu más ardiente servidor.

Su corazón se llenó de emoción. Ocultó la cara en el cuello de Austin. No eran ciertas las cosas que la gente hablaba de él. Había necesitado a Austin para desbloquear la pasión y el amor que yacían latentes en su interior. Nunca se bloquearían de nuevo. A la sociedad y a la ley no les importaba ni un ápice él. El amor, era amor y nadie podía controlar a quién amaba él. Lo único que le importaba era demostrar su amor por Austin.

Los dedos de Austin peinaron el cabello de Stephen. Incluso ahora, el señor aún estaba duro en su interior. Austin presionó un poco la pelvis hacia adelante y Stephen se quedó sin aliento. Levantó la cabeza, los ojos de color verde pálido centelleando con diversión, una sonrisa en su rostro, por lo general, dura, de dientes blancos y uniformes. —¿Quieres más? ¿No fue suficiente?

Austin sonrió y la emoción en su rostro se le hizo extraña, aunque pareció tener efecto sobre Stephen. El señor lo agarró con ferocidad y lo besó apasionadamente.

«No estoy seguro de que nunca sea capaz de obtener lo suficiente de ti, no obstante», pensó Austin, mientras el señor se dejaba caer de rodillas.

FIN

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Respuestas a esta discusión

calentita escena, muchas gracias.

Hola esta muy bien me gusto ,corto pero my bueno

me encanto cortito pero hermoso gracias!!!!!!!!

Hot... y coincido con lo ke cuentan estas chicas. Corto. Es lo ke tienen los relatos, que si te gustan te dejan los dientes largos. No acostumbro a leer romance histórico, y tampoco conozco a la autora. Pero al menos me habéis dejado con la curiosidad suficiente para que busque información sobre ella y los libros que tiene publicados (¿los tiene, no?)

Esta muy bien aunque me ha dejado con ganas de mas .

Este relato es genial. Ahora toca esperar a ver si tiene continuación, porque me ha dejado con ganas de más, como a todo el mundo.  Gracias por este pequeño tesoro.

Esta super bien, demasiado corto. Esperemos que haya más.

MUY BUENO PERO MUY CORTICO

Me ha gustado este relato; aunque corto, dice mucho en tan pocas palabras.

Gracias por dejarnos leerlo.

Muy lindo relato pero muy corto, me dejo con ganas de màs!

Holaa aquiii estoy leyendoo me encantooo fue superrr uff hottt...!!jee!!!! te quedooo muy buenoo!!!!! gracias! si coincido con las demas fue cortitooo jee..!!!!!

Waaaaa..... XD!!!!!

Me ha encantado un relato cortito pero bonito..jijiji...habrá más???.....

Muchas Gracias por compartir este relato!!!!!

Besos!!! .^_^

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