Este relato, según palabras del propio autor, "constituye la historia de mi primer amor" y tiene lugar en la Escuela Militar.

Título original: Falling in love with Charlie

Autor: Bobby Michaels (RimPig)

Año: 2000

 

Mi madre murió en enero de aquél año. Día de Año Nuevo, para ser exactos. Qué manera de empezar un año. A finales de junio, cuando la escuela terminaba, mi padre y yo -que nunca nos habíamos llevado bien- estábamos peleando tanto, que me fui a vivir con mi tía -la hermana de mi madre- durante el verano. Al final del verano, mi padre decidió que lo que yo necesitaba era “hacerme un hombre", por lo que me envió a esta pequeña escuela militar en la región del pasto azul de Kentucky.

Mientras deshacía la maleta un día muy cálido, de principios de septiembre, un chico saltó a través de la ventana de mi habitación desde el árbol exterior y se quedó sentado en cuclillas sobre mi cama. Dijo que se llamaba Charlie, y era el muchacho más hermoso que había visto en mi vida.

Al ser criado como hijo único por una madre católica estricta, nunca había tenido la oportunidad de pasar algo de tiempo en torno a otros chicos. La verdad sea dicha, en esos días yo era un tanto timorato gracias a mi querida vieja madre. Pero aquí había un muchacho que no se burlaba de mí. Un chico que me ofreció amistad como la cosa más natural del mundo. Creo que caí inmediatamente enamorado de él.

Yo no había tenido ninguna experiencia en absoluto con el sexo hasta ese momento (salvo por las continuas pajas que me hacía desde los 4 años), aunque a las 2 semanas de entrar en la escuela militar, encontré mi primera pareja sexual. No quiero decir amante. Éramos compañeros de follada. Se apodaba "Stretch" por ser muy alto y era, en palabras de mi tía lesbiana, tan "feo como el pecado". Feo sí -pero parecía exudar sexo por todos los poros de su cuerpo.

Nuestro primer encuentro comenzó con "lucha libre" en la cama. De repente, y no sé cómo, mi mano bajó a los pantalones sintiendo una erección considerable. En ese momento fue como un letrero de neón encendiéndose en mi cabeza: —¡ESTO ES LO QUE HAS ESTADO BUSCANDO! —decía—. No sabías lo que estabas buscando pero ¡ES ESTO!

Este encuentro precedió a mamadas recíprocas. Me acusó de hacer esto antes, porque decía que era muy bueno en ello. No lo había hecho, pero era agradable saber que podía hacer algo sexualmente correcto. Continuamos teniendo relaciones sexuales de manera regular durante el resto de ese año escolar. ¡Aunque no fue el único chico con quien las tuve!

Aprendí rápidamente que a los chicos entre los 14 y los 19 años les encantan las mamadas, mientras no tengan que corresponderte y no se te ocurra decírselo a nadie. Pronto me encontré siendo el "esclavo sexual", voluntariamente, de la mitad de la escuela. Con mi popularidad, podía darme el lujo de ser "exigente" -¡y lo era! Sólo lo hice con los de mejor apariencia. A todos los que quise. A todos, salvo a Charlie.

Por extraño que parezca, nunca me acerqué a Charlie por el sexo y él nunca me dijo una palabra acerca de mi "reputación", aunque sé que él era muy consciente de cuál era mi relación con la mitad del campus. Durante todo el primer año sólo fuimos buenos amigos. Hablábamos, pasábamos tiempo juntos a solas, hacíamos las cosas que este chico protegido nunca había hecho. Con Charlie haría cualquier cosa, incluso bañarnos desnudos en un arroyo que estaba helado, balanceándonos en una vieja soga, a modo de columpio, y cayendo al agua helada.

Debido a que Charlie era un atleta sobresaliente (¡y yo no lo era!), me convertí en el manager de todos los deportes en que él participaba. Lucha libre, pista, béisbol y tenis. Cualquier cosa para estar cerca de Charlie. Bueno... lo cierto es que yo también “practicaba” con la mitad de los equipos de lucha libre, pista, béisbol y tenis junto con medio equipo de fútbol y, también, de baloncesto. Y aunque más tarde me enteré que Charlie había sabido todo el tiempo acerca de mis actividades, nunca dijo algo al respecto. Nunca me hizo sentir el “maricón de la escuela” –un papel que me había ganado.

No, Charlie era mi amigo. Nadie se atrevía a decir nada despectivo sobre mí cuando él estaba cerca. Ya ven, no sólo Charlie tenía el respeto de casi todo el mundo en la escuela por su capacidad atlética y académica (era tanto un atleta como un erudito talentoso), sino que además le tenían un miedo tremendo. Charlie era cinturón negro 3er Dan en Karate. Y fue esta habilidad la que mantuvo mis hormonas en jaque en lo que a él se refería. Me imaginé que era un buen y valioso amigo, pero que si yo hacía algo que no le gustara, ¡podría estar muerto durante mucho tiempo!

Así que nuestra amistad creció a lo largo del año. Al final del mismo, salieron las listas de aquellos que serían promovidos a oficiales al año siguiente. Charlie estaba en la lista, como todos esperaban. ¡Lo que nadie esperaba era que yo también estuviera! No sólo aprendí ese año sobre sexo entre hombres -incluyendo rimming- sino que aprendí además a “hacer la pelota” y logré estar bien conectado con algunos profesores y administradores. Que es como llegué al rango de oficial, lo que también significaba que tenía que estar de vuelta en la escuela 2 semanas antes del siguiente año escolar. Pero eso estaba bien para mí, porque así lo haría Charlie.

¡Entonces nos dio la locura! Charlie y yo decidimos que, ya que ambos éramos oficiales y pertenecíamos al "Staff de Brigada", deberíamos tener una habitación para los dos.

Ahora, créanme, ¡yo había hecho todo lo posible para mantener mis manos fuera de él el primer año y vivía en otro edificio en el campus! ¡Ahora iba a compartir la habitación con él durante todo un año! ¿Y mantener las manos para mí mismo? ¡¡¡Sí, claro!!!

Pero yo era "joven, mudo y lleno de semen" y realmente creía que podía ser un "buen chico" con Charlie en la cama de al lado. Y lo hubiera hecho (creo) si no fuera por lo que sucedió con las camas.

Ya ven, me pasé todo el verano célibe. Estaba de vuelta en casa de mi tía sin oportunidad de "jugar". Así que yo estaba ansioso por volver a la escuela y a mi muy sexualmente activa vida. Hasta 2 semanas antes porque sabía que algunos de mis "compañeros de juego" estarían allí, también. Con lo que no había contado era con Charlie. Charlie regresó tres semanas antes.

Ahora debo explicar, que Charlie venía de una familia muy adinerada. Siempre tenía más dinero que nadie. Sin embargo, no pensabas en ello porque Charlie nunca "alardeaba". ¡Pero él era rico! O, al menos, su familia lo era.

Y lo que él había hecho era volver a la escuela con un camión cargado de nuevos muebles de marca que había comprado durante el verano. El mobiliario de la escuela militar era lo que te esperas en un lugar lleno de chicos adolescentes. Camas literas de metal, cómodas y escritorios golpeados y unas cuantas sillas sin romper. Los pisos eran de linóleo y tenían que mantenerse "pulidos" como nuestros zapatos de piel negros.

Charlie, sin embargo, había traído camas de verdad (con colchones y somieres), aparadores de verdad, escritorios reales y verdaderas sillas cómodas. También trajo pesadas cortinas de terciopelo para las ventanas y una gran alfombra oriental para el suelo. Todo en tonos de profundo azul -mi color favorito. Charlie llegó tan lejos como volver a pintar la habitación de un azul pálido también. Cuando vi la habitación por primera vez, pensé que estaba en el cielo –¡no en una escuela militar! Pero había más sorpresas por venir.

Ahora debo decirles que se trataba de 1966. Y en aquellos días, no se oía hablar de la marihuana en Kentucky. La peor ofensa que se podía cometer en la escuela militar (una por la cual se era automáticamente expulsado) consistía en beber alcohol. El alcohol era lo prohibido en aquellos días, y todos intentaban traerlo de contrabando. Con poco éxito. Pero las reglas no eran algo que detuvieran alguna vez a Charlie.

Aquella noche, después de apagar las luces, Charlie metió la mano en el fondo de su baúl y retiró un doble fondo para revelar un número de botellas de buen ron jamaicano. ¡Me quedé perplejo y asustado! Si nos sorprendían con este tesoro de contrabando, seríamos expulsados –¡y sin hacer preguntas! Pero aquella fue pronto la menor de mis preocupaciones.

¡Charlie se emborrachó y se volvió incontrolablemente ruidoso! Saltaba por toda la habitación (usando las camas a modo de "vallas") levantando, en general, bastante conmoción. Yo estaba petrificado por si el vigilante de noche de la escuela escuchaba todo el alboroto, venía a investigar ¡y encontraba toda la bebida y a Charlie borracho como una cuba! Sin embargo, después de un rato (en cuanto el alcohol hizo su efecto), Charlie se sentó en mi cama y comenzó a llorar. No puedo explicarles adecuadamente lo que me produjo ver a Charlie, uno de los chicos más masculinos que había conocido nunca, llorando. Me quedé muy sorprendido. ¡Estaba estupefacto! ¡No sabía qué diablos hacer!

Pensando que esto fue causado por una combinación de alcohol y nostalgia, empecé a intentar consolar a Charlie, diciéndole que podía conseguir salir pronto para ir a casa y otras cosas por el estilo. Pasó cierto tiempo hasta lograr que lo que le estaba diciendo atravesase la bruma de alcohol en su cerebro, pero una vez hecho, ¡me hizo saber con toda claridad que él NO sentía nostalgia!

—Entonces, ¿por qué demonios estás llorando? —le pregunté.

Aunque viviera mil años, no podría haber previsto su respuesta.

Él me miró directamente a los ojos y dijo: —¡Me duele tanto porque estoy enamorado de ti y no quiero que me odies por ello!

Me quedé sin habla. Me quedé allí sentado con la boca abierta. No sabía qué infiernos decir. Aquí estaba el primer chico del que me había enamorado, diciéndome que él se había enamorado de mí, ¡y yo no podía decir una palabra! Nunca, en mis fantasías más salvajes, había esperado que esto sucediera. Me quedé sin habla durante tanto tiempo, que Charlie comenzó a disculparse profusamente, pensando que yo estaba totalmente asqueado por su admisión.

Rápidamente me "recuperé" y le aseguré que no sólo NO lo encontraba repugnante, sino que había estado enamorado de él casi desde el momento en que nos conocimos. Entonces hizo algo que recordaré toda mi vida. Me tomó en sus brazos y me besó.

Ahora bien, había tenido un montón de sexo el año anterior. Más de lo que deseo contar aquí. Pero a pesar de todo, nunca me habían besado. Las "reglas" eran que si tú besabas, eras mariquita. Uno podía conseguir una mamada y mantener su condición de “hetero”, siempre y cuando no correspondieras de ningún modo. Así que jamás me había besado nadie. De hecho, conseguí mi primer beso de otro hombre del primer chico de quien me enamoré. En realidad, nadie merece tener esa suerte y siempre estaré agradecido por ello.

En este punto, Charlie tenía otra sorpresa para mí. Él no había comprado literas como era común en la escuela militar. Había comprado dos camas individuales. Unas camas individuales con un secreto. Cuando se ponían juntas, había un mecanismo instalado que las acoplaba en una sola cama. Así lo hizo y después alargó la mano hacia mí y empezó a desnudarme. Rápidamente le devolví el favor y nos fuimos pronto a la cama, desnudos, con él tumbado encima de mí, ¡besándonos como bandidos! Por desgracia, en ese momento todo aquél “ron del demonio” le superó y perdió el conocimiento, totalmente en bolas, encima de mí.

Así que pasé, nuestra primera noche como amantes, tendido allí con su cuerpo desnudo inmovilizando el mío a la cama. Pero no me importó. La sensación de su cuerpo desnudo valía el mínimo malestar que sentía. Es decir, que no me importó hasta la mañana siguiente.

Me desperté 10 minutos antes de que Charlie lo hiciera. Aún estaba encima de mí y todavía desnudo. Y empecé a pensar. Él estaba borracho la noche anterior. ¡No va a recordar nada de lo que dijo o hizo! Y cuando se despierte y nos vea desnudos en la misma cama, ¡me va a matar! Y pensamientos similares.

Y, de hecho, despertó unos 10 minutos después, lentamente se incorporó sobre sus brazos y bajó la vista hasta mí, luego a la posición en la que estábamos y dijo las palabras que temía por encima de todo: —¿Qué te dije anoche?

Bueno, ahí estaba. La orden de mi muerte. No sabía mentir muy bien, así que le dije la verdad. Toda la verdad y nada más que la verdad. Le conté que me había dicho que me amaba y que comenzó a hacerme el amor cuando entonces se desmayó a causa de todo el ron. Pensé que si iba a morir, ¡que fuera por decir la verdad!

Charlie me miró, sonrió y me besó suavemente la punta de la nariz y dijo: —Sólo quería asegurarme de que por fin te lo había dicho. —Y luego procedió a hacerme el amor por primera vez.

Pasamos el resto de aquél año como amantes. Charlie fue la única persona a quien he sido, completa y físicamente, fiel. No hubo más compañeros de juegos. Yo tenía algo que nunca soñé que encontraría: amor. Llevó algunos meses en la escuela arreglarlo todo (había un montón de atletas muy decepcionados que tuvieron que “dejar el asunto en sus propias manos” de nuevo). ¡Nadie podía creer que Charlie, de entre todos los hombres, podría ser "de esa manera"! Y lo peor, la idea de que podríamos estar "enamorados" era demasiado para que ellos la asimilaran. Pero tras un par de altercados de poca importancia que demostraron que Charlie seguía siendo un hombre a quien temer mucho, no hubo nadie que quisiera hacer más comentarios acerca de nuestra relación.

Sin embargo, eso hizo atraer la atención de la administración de la escuela en la persona del coronel Black. "Kern", como se le conocía, no era más que el entrenador del equipo de lucha libre en el cual Charlie era la estrella de su categoría de peso y yo era el manager del equipo; él también era el "comandante" de la escuela (término usado en la escuela militar equivalente a "decano").

Un día, Kern me llamó a sus habitaciones (él tenía un apartamento en el campus, donde vivía). Kern me indicó que me sentara y me preguntó a quemarropa: —¿Qué siente por Charlie?

No sabía qué decir, de modo que, como siempre se me enseñó a hacer, dije la verdad. Le dije a Kern “Amo a Charlie más que a mi vida". (¡A los 15 años uno hace declaraciones tan dramáticas como ésta! Por eso, los estudiantes ingleses de segundo año de escuela estudian "Romeo y Julieta"). Y aquella era la verdad. Una verdad por la que esperaba, de manera cabal, ser expulsado con el siguiente aliento de Kern.

Pero en cambio, Kern sólo se quedó allí sentado, fumando su pipa y sin decir una palabra durante un tiempo muy largo. Permanecí sentado allí mientras componía mentalmente mi nota de suicidio. Y cuando, finalmente, Kern habló, me dijo: —¡No entiendo nada de esto! ¡Si hubiera dicho cualquier otra cosa le hubiera dado una patada en el culo y echado fuera de aquí! ¡Pero acabo de hablar con Charlie y básicamente me ha dicho lo mismo respecto a usted! No lo entiendo, aunque tampoco siento que deba meterme en ello. Le dije a él, y se lo digo a usted ahora, que deben mantenerlo en privado. No involucren a nadie más en esto, y vamos a intentar ignorar toda la situación. Es lo mejor que puedo hacer por ustedes. Me caen bien los dos y no quiero perderles. Así que, por favor, hágannos un favor a todos y mantengan sus sentimientos para ustedes mismos. ¡Nada de pronunciamientos públicos de alarde! Lo que pase dentro de su habitación es cosa suya. Pero lo que pase fuera es mi área de responsabilidad, de modo que no quiero problemas. ¡¡¿¿Comprendido??!!

Asentí con la cabeza. No podía hablar. Era mejor de lo que tenía algún derecho a esperar. Tuvimos "permiso" ¡para ser AMANTES! Al menos en nuestra habitación. ¡Y eso era suficiente! Y lo habría sido excepto por el capitán Steele, el profesor de inglés más temido de la escuela.

Debo señalar aquí que los rangos dados a los maestros en la escuela eran los honorarios. Oh, algunos de los profesores habían servido tiempo en el ejército. Pero NO el capitán Steele. ¡¡¡El capitán Steele habría dado lugar, él sólo, a la institución del "no preguntes, no digas"!!! Fue el primer "marica pretencioso" que he conocido. Y le quería entrañablemente. Aunque obviamente gay, él era el "azote" de todos los estudiantes de inglés de primer y segundo año en la escuela. Sobre todo de aquellos muy varoniles y atléticos. ¡Parecía tener especial cuidado en hacer que sus vivencias de las clases de inglés fueran las más dolorosas que uno pudiera imaginar! Recuerdo cuando hizo que el quaterback del equipo universitario júnior de fútbol memorizase el monólogo “¡Fuera, mancha maldita!...” de Lady Macbeth y lo "representase" en clase delante de todos sus compañeros.

Pero él evidentemente me vio como un "compañero de viaje” y mis vivencias en su clase eran una delicia. Constantemente alababa mi escritura creativa y nos hicimos buenos amigos. Lo curioso era que, mucho antes de que Charlie y yo supiéramos que estábamos enamorados, creo que el capitán Steele vio algo porque Charlie fue al ÚNICO atleta que nunca molestó. Por supuesto, Charlie era un estudiante brillante, pero eso normalmente no le importaba al capitán Steele en lo relativo a los atletas. Sólo Charlie escapaba de los “azotes” diarios. Por extraño que parezca, probablemente fui la causa de que mi amante gozara de este privilegio. Nunca hablé con nadie de Charlie –a excepción del capitán Steele. Podría contarle, incluso ese primer año, lo mucho que amaba a Charlie. Así que supongo que lo protegía del capitán Steele al igual que Charlie me protegía de aquellos que se burlaran del pequeño "maricón".

De todos modos, el capitán Steele tuvo la loca y brillante idea de producir una obra, en el campus, para el profesorado, administradores y el “Cuerpo de Cadetes". Y la obra que decidió representar fue “Our Town - Nuestra Ciudad” de Thorton Wilder. Ahora, por supuesto, esta obra contiene ambos papeles, femenino y masculino. Y no había chicas en la escuela (la idea de escuelas militares mixtas fue 10-15 años posterior). Ésta iba a ser un "proyecto cadete", por lo que significaba que algunos de nosotros tendrían que hacer de mujeres. Fui elegido por el capitán Steele para representar uno de los papeles principales femeninos: Emily. Y habría estado bien, pero el capitán Steele, evidentemente, decidió hacer una "pequeña broma", y asignó a Charlie el papel principal masculino: George Gibbs. ¡El mismo George Gibbs de quien Emily se enamora y con quien, de hecho, se casa en escena en el segundo acto!

A lo largo de los ensayos para la "escena del matrimonio", cuando se suponía que debía "besar a la novia", Charlie ponía su mano sobre mi boca, me giraba dando la espalda a la audiencia y besaba el dorso de la mano. Esto era perfectamente aceptable para los demás miembros del reparto y la administración de la escuela. ¡Bien lo sabe Dios! ¡Esta producción les causaba insuficiencia cardiaca, tal como estaba! ¡Cadetes con vestidos, pelucas y maquillaje no era su idea de una "disciplina militar adecuada"! Pero el capitán Steele les había convencido de que se trataba de una aventura en la cultura y, puesto que la obra era sólo para que la vieran los cadetes y el staff, ¿qué daño podía haber? ¡¡¡Qué perjuicio, de hecho!!!

Llegó la noche de la representación. Había unos pocos problemas técnicos pero nada que uno pudiera notar. El primer acto marchó espléndidamente y los cadetes, en verdad, nos dieron una tanda de aplausos muy cálidos. Estaban disfrutando de veras.

Después vino el segundo acto y la escena de la boda. Cuando George (Charlie) se llevó a Emily (yo) a "ser su novia legítimamente casada", ¡Charlie me susurró que hablaba en serio! Y entonces llegó "el beso". Charlie me tomó en sus brazos, me giró hacia el público (de modo que todo lo que estaba a punto de suceder era plenamente visible para todo el teatro), y me besó en los labios (sin mano en el medio) por lo que parecieron horas, aunque probablemente fueron sólo 30-45 segundos. Pero NO había duda de lo que estaba pasando. ¡Charlie y yo estábamos anunciando a todo el Cuerpo de Cadetes, facultativos y Administración de la escuela, cómo nos sentíamos EXACTAMENTE respecto al otro!

Lo increíble fue que cuando unimos las manos y corrimos por el pasillo central (como si estuviéramos abandonando la iglesia), ¡todo el Cuerpo de Cadetes se puso en pie y nos dio una ovación! Bueno, es cierto, algunos de nuestros amigos habían iniciado la ovación, pero el resto se sumó. A día de hoy, pienso que no sólo sentían respeto por lo que Charlie y yo habíamos hecho en las narices de tanta oposición sino que, como a la mayoría de los varones a nuestra edad, les encantó "pegársela" a los adultos que dirigían la escuela.

Charlie y yo fuimos seriamente reprendidos por lo que hicimos, pero sin más consecuencias. Charlie y yo seguimos como antes, sin mostrarnos nunca cariñosos en público, manteniéndolo en privado la mayor parte del tiempo. Pero desde aquél momento, el resto de los cadetes nos mostraron un nivel de respeto muy diferente. Como si se hubieran dado cuenta de que aquí había algo muy real, algo de lo cual no sabían nada y que no tenían derecho a denigrar.

Me gustaría decir que esta historia tiene un final feliz. Pero, por desgracia, el final es tan trágico y tan desdichado como feliz fue el romance.

Un día antes de que finalizase la escuela, el padre de Charlie apareció en el campus y exigió la remoción inmediata de Charlie de la escuela. Nunca supe cómo se enteró de lo nuestro, pero hizo declaraciones acusando a la escuela de "¡convertir a su hijo en un maricón!" A Charlie y a mí ni siquiera nos permitieron despedirnos. Y desde aquel día hasta hoy no he visto ni sabido nada de él.

Tres días más tarde, la escuela se vio obligada a llamar a mi padre para que viniera y me llevara a casa mientras yo estaba en la enfermería restringido, con sedantes y bajo "vigilancia por riesgo de suicidio". Mi padre vino a buscarme y no dijo ni una palabra acerca de lo que pasó. Sólo me llevó a nuestra casa en Florida, donde pasé los siguientes 4 meses encerrado en mi habitación, negándome a salir. Pasé la mayor parte del tiempo llorando e intentando pensar en una forma de suicidarme con éxito. Por suerte, no lo hice. Lo que hice un día fue despertar y decidir que REALMENTE necesitaba ayuda y llamé a un psicólogo que encontré en la guía telefónica.

Ahora bien, normalmente no recomendaría ésta como una manera de encontrar un terapeuta, pero tuve mucha suerte de encontrar a alguien. Él fue el primer adulto, no gay, que trató de ayudarme a aceptar mi homosexualidad.

Finalmente, mi padre se pronunció una vez, y sólo una, sobre mi homosexualidad y lo que había pasado con Charlie. Fue la última vez que nos vimos antes de que se muriera. Él estaba en el hospital y le había ido a visitar. Se volvió hacia mí y dijo: —Si te hace feliz, y realmente le amas, sigue adelante y cásate con un hombre.

Para un hombre que nació en una zona rural, en el sur de Alabama en 1904, era una afirmación increíble. No fue hasta muchos años después que me di cuenta de lo mucho que mi padre debía haberme amado para ser capaz de hacerlo.

Busqué a Charlie (mediante los listines telefónicos) durante muchos años. Su apellido es muy inusual y no hay muchos de ellos en el país. Incluso he comprobado todos los nombres de todos los muertos y desaparecidos en combate en el conflicto de Vietnam. Pero nunca he sido capaz de encontrarlo. Tal vez sea lo mejor. Lo que tuvimos fue el resultado de ser muy jóvenes y muy ingenuos. Hoy sé que las posibilidades de que nuestra relación durase eran muy pequeñas. Pero estoy agradecido por considerar que existe realmente el amor. Y que soy capaz de darlo y recibirlo. Y eso es lo más valioso de todo.

 

FIN

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Respuestas a esta discusión

Adoro las historas de Michaels...tienen ese dejo de realidad...aunque esta tiene un fin triste...pero asi es la vida...

Como dice Marilu, es como me siento cuando leo a este autor: siento la realidad. :D

Muchas gracias por el relato.

Me encanto todo menos la terminacion, pero así es la vida misma.

gracias y muchos besos

Me encanto el relato aunque el final fue medio triste pense que se quedaban juntos ...pero igual estuvo muy bueno muy realista...!!! excelente..!!!

Una historia muy linda, tierna, romántica y triste, muy real, me encanto.

Gracias.

Que triste y hermoso, la realidad supera la fantasía, Gracias por compartirlo, muchas gracias.

Cariños.

Me ha gustado mucho este relato... Lástima que su autor ya no esté entre nosotros.

Muchas gracias , está muy bien el relato, aunque con un final triste. Pero asi es la vida

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