Título original: Lessons Learned

Autor: J.P. Barnaby

Página de autor: www.jpbarnaby.com

 

 

Te deseo. Echo de menos tenerte dentro de mí.

Liam gimió mientras cerraba la tapa del móvil y se acomodaba tras la mesa con una temerosa mirada a la puerta cerrada del despacho de su jefa. David había estado enviado mensajes de texto como éste durante todo el maldito día, incitándole, poniéndole duro por lo que parecían horas, hasta encontrarse en un estado casi permanente de excitación. Sabía que tendría que colarse en el lavabo de hombres para aliviar su tensión, por así decirlo, pero le preocupaba levantarse de su abierto cubículo y caminar por el pasillo sin que nadie viera su polla, turgente en los pantalones de su traje.

Su teléfono zumbó de nuevo, y casi había decidido no mirarlo cuando suspiró y abrió la tapa. El aliento se le quedó atrapado en su garganta cuando apareció una imagen de David sobre sus manos y rodillas. Sabía que era David, a pesar de que su rostro no era visible, por su vibrador favorito verde lima introducido profundamente en su culo. Un sudor frío perló la frente de Liam mientras contemplaba la imagen, y su polla palpitaba dolorosamente. Tomando una respiración profunda, se obligó a cerrar el teléfono y sintió el sudor goteando por el cuello mientras intentaba en vano perder su dolorosa erección. Con un gemido, apenas contenido, se movió de uno en uno por sus e-mails del trabajo, releyéndolos de principio a fin, tratando de poner el foco fuera de su hinchado miembro. Nada ayudó, y sintió cómo la cálida humedad del líquido preseminal se filtraba por sus calzoncillos.

Agarrando el borde de su escritorio con frustración, maldijo a su amante que estaba en casa tras terminar sus exámenes finales en las primeras horas del día.

—A la mierda —murmuró, y decidió que siempre podría conseguir otro trabajo pero que si no se corría pronto iba a morirse. Desplazando su silla hacia atrás, plantó las manos sobre la mesa y empezó a levantarse.

—Liam, bien, me alegro de pillarte. ¿Tienes unos minutos para hablar sobre la migración Matchpoint? —pidió su jefa, con dulzura, mientras apareció de la absoluta jodida nada. Liam se dejó caer en su silla rápidamente, sintiendo que su teléfono vibraba una vez más en su bolsillo, cerca... muy cerca de su necesitada polla. Cerrando los ojos, desesperado por no correrse en los pantalones justo en frente de su jefa, tomó aire de forma entrecortada.

—Por supuesto, Karen, ¿puedes darme diez minutos más o menos? No... no me siento muy bien —dijo Liam, casi en un gemido, intentando ocultar su rostro, ardiendo, encendido por la vergüenza.

—Oh, claro, te ves un poco sonrojado. ¿Envío a Jen a la farmacia a por algo? —preguntó ella, con evidente preocupación, y él sacudió la cabeza violentamente. Su jefa quería enviar a su asistente a la farmacia para hacer que Liam se sintiera mejor. Iba a matar a David.

—Estaré bien. Iré a tu despacho en unos minutos —contestó, rezando para que ella se fuera antes de que uno de sus testículos explotase.

—De acuerdo, espero que pronto te sientas mejor —dijo ella, comenzando a alejarse. Él se sentiría mejor; se sentiría jodidamente orgásmico si ella no acabara de salir del infierno de su cubículo. Cuando se fue, saltó de su silla, a punto de volcarla mientras salía andando con rapidez, un cuaderno jurídico amarillo cubriendo su entrepierna.

Afortunadamente, nadie lo detuvo en el pasillo, aunque algunas personas asintieron con la cabeza en su dirección o le saludaron. Liam intentó responder entre dientes tan cortésmente como pudo, pero sin mucho éxito. El lavabo de los hombres estaba felizmente vacío y casi se cayó en la puerta del servicio en el último momento antes de cerrar la puerta tras él. Con manos temblorosas, buscó a tientas, desabrochando el cinturón y los pantalones. Bajándose los pantalones y calzoncillos a las rodillas, se puso de pie delante de la taza del retrete y agarró su goteante pene. Casi jadeando por el esfuerzo, extendió el líquido pre-eyaculatorio por el glande, mordiéndose los labios para no gemir en voz alta. En ese momento, afloró una imagen de David, de rodillas sobre el suelo del sucio baño, aparecieron sus hermosos rasgos angulosos capturados con absoluto detalle. Liam, desesperado y furioso, se imaginó a sí mismo agarrándolo de aquel largo e hirsuto cabello de bronce mientras David lo miraba a través de su flequillo con una pícara sonrisa. Esto irritó a Liam todavía más, porque, por supuesto, David encontraría hilarante el hecho de que necesitase hacerse una paja en el lavabo de los hombres.

Con un lento, profundo y, virtualmente, silencioso gruñido, empujó dentro de la dispuesta boca de David, mientras aumentaba la presión sobre su pene. Acariciándose más fuerte, casi podía sentir la suave boca de David, su lengua masajeando su polla. Luego, cuando David comenzó a chupar, Liam empezó a mover las caderas, follando su mano del mismo modo en que quería follar la insolente boquita de su novio.

«No es tan gracioso ahora, ¿verdad?» pensaba Liam mientras sacudía sus caderas más rápido, bombeando su polla más duramente. Su corbata se balanceaba con el movimiento ya que, una vez más, empujó la camisa que llevaba, de un blanco prístino y perfectamente abotonada, fuera del camino. «Sí, chúpala, tómala profundo». Imágenes colisionaron en la cabeza de Liam, imágenes de David arrodillado, imágenes de David inclinado sobre su escritorio, imágenes de David con las piernas sobre los hombros de Liam. «Joder, sí, David», dijo en el interior de su cabeza, al menos esperaba que fuera sólo dentro de su cabeza, mientras bajaba su mano y masajeaba sus testículos. Estaban jodidamente tensos contra su cuerpo, y se estremeció ante su inminente orgasmo.

Jadeando, vio a David en el centro de su cama, sobre sus antebrazos y rodillas, completamente abierto, ofreciéndose a Liam. Su suave y rosado saco se hizo visible cuando sus piernas se abrieron aún más, rogando en silencio a Liam que lo follara. Contempló cómo David estiraba el brazo por detrás de la espalda y deslizaba dos dedos en su interior y eso lo hizo correrse. Liam apenas tuvo tiempo suficiente para coger un puñado de papel del rollo junto a él cuando su pene entró en erupción. Un profundo gemido se le escapó cuando los primeros disparos de semen detonaron dentro del papel tissue.

—¿Estás bien, amigo? —preguntó una voz desde algún lugar exterior a su servicio. Liam se quedó inmóvil, sus testículos vaciándose en su mano, respirando en desesperadas bocanadas.

—Sí... el almuerzo no me sentó bien... —se las arregló para contestar con voz ahogada, y el rostro teñido de un profundo escarlata, al ser descubierto en mitad de un orgasmo en el lavabo de hombres.

—Oh, está bien hombre, tenga cuidado —dijo la voz y oyó la apertura del grifo mientras el tipo se lavaba las manos. Había estado aquí durante todo el orgasmo de Liam, estaba seguro, lo que sólo sirvió para humillarlo aún más. Intentando calmarse, se preguntó si el tipo habría oído la fricción de su mano contra su piel cuando follaba su puño. El agua se detuvo y escuchó cómo el hombre se secaba las manos y se marchaba.

Iba a matar al jodido David.

Luego, lentamente, otra idea se formó en su mente, y decidió que tenía un modo mucho mejor de lidiar con el provocador de su amante.

~*~

—Oye nene, llegas tarde —gritó David desde la cocina, con una pizca de preocupación en su voz—. ¿Tuviste un mal día?

Ante la inquietud de su amante, la resolución de Liam de castigar a David por sus provocaciones vaciló ligeramente. Entonces, recordó su humillación en frente de Karen y el momento en que casi quedó atrapado en el lavabo de hombres, y arrojó los artículos que había comprado de camino a casa sobre la cama. Al entrar en la cocina detrás de su hermoso niño, vio pizza hecha en casa por David reposando en la encimera. Bien, estaba haciendo algo que podría esperar un rato.

—David, ¿podrías poner la pizza en la nevera y apagar el horno? Tenemos que hablar. Ahora. —La irritación era evidente en la voz de Liam, y David palideció, mirando a la cara de su amante tratando de adivinar lo que le estaba molestando. Girando sobre sus talones, Liam salió de la habitación sin decir otra palabra y David no se movió enseguida, sólo permaneció de pie con los hombros caídos, mirando asustado.

Liam agarró la cuerda tan pronto como hubo entrado en el dormitorio y la dejó al otro lado de la cómoda, donde David no la vería de inmediato. Era varios centímetros más alto que David, pero David era fuerte. Liam sabía que sólo tendría una oportunidad, y esperó en silencio. Oyó los pies de David en el piso de madera y se agachó, listo para saltar.

—Liam, dónde... —empezó David, pero antes de que pudiera terminar, Liam salió de su escondite y lo derribó sobre la cama, empujándolo boca abajo en el suave edredón.

—¡¿Pero qué demonios ocurre?! —exclamó David, mientras Liam le ponía los brazos a la espalda y los ataba firmemente, jadeando por el esfuerzo de contener a su vigoroso socio. David quedó echado en la cama, retorciéndose de incomodidad por las ataduras.

—Jesucristo, Liam, si querías atarme todo lo que tenías que hacer era decir algo. No tenías que asustarme para follar...

Su perorata fue interrumpida cuando Liam empujó la mordaza de bola roja con correas que había comprado dentro de la boca de David, presionando la rodilla contra la espalda del chico que se resistía. Bruscamente cerró las correas de cuero detrás de su cabeza, con cuidado para no tirar de su sedoso pelo con el cierre. Cuando terminó, Liam giró a David poniéndolo de espaldas.

Los ojos de David estaban bien abiertos por la sorpresa… y más.

—Hoy, casi consigues que me queme, con tus mensajes de texto —gruñó Liam a David, cuyos ojos mostraban asombro—. No conseguí dos empleos, para pasar la universidad, para que pueda perder uno que me gusta debido a una inoportuna erección. Mi jefa se detuvo junto a mi mesa cuando acababas de enviarme tu pequeña foto; no pude ponerme de pie para saludarla. No pude seguirla a su despacho, como ella quería. —Liam bajó la mano y, con rabia, agarró el cuello de la camiseta de David y tiró tan fuerte como pudo. Con un sonido de desgarro, la camiseta se rasgó y él siguió tirando hasta que estuvo abierta desde el cuello hasta el dobladillo. Los ojos de David casi saltaban de sus órbitas, y su pene, bueno... también sobresalía.

Agarrando la cintura de los pantalones cortos de algodón de David, tiró de ellos, así como de los calzoncillos que llevaba, bajándoselos hasta las rodillas, y limitando así sus esfuerzos por moverse. Se sentó a horcajadas en las piernas de su amante, sujetándolas con firmeza mientras continuaba tirando del tejido hacia abajo por sus pantorrillas y pies, arrojándolo después al suelo. Arrebatado y con los ojos desmesuradamente abiertos, David era hermoso yaciendo desnudo con excepción de los restos de su arruinada camiseta. La expresión de su bello rostro era de incredulidad, como si simplemente no pudiera creer que su normalmente pasivo y tímido amante, el chico que se ruborizaba cada vez que soplaba el viento, ahora lo había atado y dejado expuesto en la cama. Volviéndose hacia la cómoda, Liam tomó dos longitudes más de cuerda y ató cada una de las beligerantes piernas de David a los postes de la parte inferior de la cama.

Ahora, David estaba verdaderamente a su merced.

De pie junto a la cama, Liam se aflojó la corbata y tiró de ella por el cuello de su camisa para quitársela. Sosteniéndola en su mano derecha, bajó la mirada hacia David.

—¿Quieres que te vende también los ojos? —David sacudió violentamente la cabeza, y dado que ésta era la primera vez de Liam con cualquier práctica sexual de inmovilización con ataduras, se decidió en contra de la idea. Quería poder ver si David estaba en algún tipo de dificultad. El objetivo aquí, era enseñarle una lección a David, no herirlo. Luego, botón por botón, se desabrochó la camisa y la dejó caer al suelo. El cinturón vino después y, a continuación, los pantalones. Dando un puntapié a su ropa para desecharla a un lado, Liam se quedó de pie con nada más, salvo la camiseta interior y los calzoncillos.

—Tuve que llevar un cuaderno jurídico delante de mí mientras iba de camino al lavabo de hombres, para evitar que toda la oficina viera mi jodida polla a punto de explotar en los pantalones —le dijo a David cuando comenzó a frotar sus propios piercings de pezón a través de la camiseta, gimiendo suavemente. La vista de su sexy niño, atado y desnudo ante él, desamparado y suplicando con los ojos, ya tenía a Liam duro y la cabeza de su pene se asomaba por encima de la cintura de sus calzoncillos.

Quitándose la camiseta, continuó jugando con los aros de sus pezones, algo que a David le encantaba hacer con su boca. Por desgracia, al menos para David, la mordaza de bola roja brillante no permitía, esta vez, ese pequeño juego.

—Cuando por fin entré en un servicio y cerré la puerta tras de mí, lo único que podía hacer era bajarme los pantalones hasta las rodillas para poder masturbarme. —Liam gimió y comenzó a masajearse el pene a través del fino material que apenas lo contenía. David gimoteó y forcejeó en la cama, pero no pudo moverse. Despacio, tan jodidamente despacio, se bajó la parte delantera de los calzoncillos para revelar su dura polla y las bolas, y David comenzó a jadear alrededor de la mordaza, la saliva escurriendo por la barbilla. Liam se dio la vuelta, mirando por encima del hombro a su amante cuando se dobló por la cintura y se bajó los calzoncillos deslizándolos por su culo, acariciándolo. David dejó escapar un gemido estrangulado y Liam siguió bajándoselos por sus largas y bronceadas piernas, arrastrando sus manos por los muslos antes de dejar caer los calzoncillos y patearlos a un lado.

—En primer lugar —comenzó Liam, su mano recorriendo el fuerte torso y el fino pelo rubio oscuro que formaba un ensortijado halo alrededor de la base del grueso y duro pene— te voy a castigar por burlarte de mí. —Se giró hacia la cómoda donde estaba el resto de las cosas que había comprado, esperando por él. Respirando agitadamente, cogió la fusta que el dependiente dijo que era para principiantes. Se sentía extraña y aterradora en sus manos. Se volvió hacia la cama, probó el instrumento sacudiéndolo contra su otra palma. Eso malditamente picaba, y por un momento no estuvo seguro de poder hacerlo.

Hasta que vio el fuego en los ojos de David y la manera en que su pene respondió a la visión de la fusta.

Liam dio un paso vacilante hacia adelante, y luego otro, hasta que estuvo de pie junto a la cama. Frotando la ancha cabeza de cuero de la fusta en los pezones de David, miró de reojo a su amante.

—Voy a hacer que te lo pienses dos veces la próxima vez que quieras enviarme una foto tuya con un vibrador en el culo —dijo en lo que esperaba fuera un tono bajo y áspero, y seguidamente azotó con la fusta a David en la tetilla izquierda. Al principio, pensó que podría haber sido demasiado duro, porque David se sacudió, todo su cuerpo se puso rígido, y sus ojos se cerraron herméticamente. Un gruñido alto salió de detrás de la brillante bola roja. Azotó de nuevo a David, en el otro pezón, y luego en algunos lugares más sensibles de su pecho. Liam observó, con fascinación, cómo aparecían las manchas rojas, las marcas que le había infligido, en la pálida piel de David.

Eso le puso duro, condenadamente duro.

Dando un paso hacia su izquierda, Liam comenzó a mover la fusta bajando por el cuerpo de David. Azotó la delicada piel estirada del hueso de la cadera y su niño gritó detrás de la mordaza. Azotó los dulces y sensibles puntos a lo largo de la cara interna del muslo. Por último, frotó la suave y arrugada piel de los testículos de David con la cabeza de la fusta. David se puso tenso; los músculos de su estómago se apretaron y endurecieron, mientras esperaba ansiosamente a que Liam le pegase ahí, o en su pene, el cual exudaba ahora. Sus ojos estaban herméticamente cerrados, y no pareció darse cuenta de que Liam dejaba la fusta. De hecho, David no parecía notar nada hasta que la boca de Liam se cerró alrededor de la cabeza de su polla y gritó de nuevo detrás de la mordaza.

Liam sabía cuánto ansiaba su niño correrse pero, por el momento, sólo estaba incitándolo -al igual que David hizo con él todo el día. Lamió el hermoso pene de David desde la base hasta el glande y, luego, una vez tras otra. Levantando sus caderas, su amante trató desesperadamente de que Liam le chupara. No podía rogar a causa de la mordaza, pero lo intentó desesperadamente. Unos gimoteos suaves, unos sonidos casi como maullidos salieron forzados de la boca de David, ahogados por la mordaza, aún así Liam los escuchó. Eran como la más dulce sonata en una noche clara de verano.

Gateando, Liam se subió a la cama al lado de David, se tumbó y susurró en el oído del chico.

—Me pones tan condenadamente duro, que necesito correrme. Sé que deseas verme. —Balanceando las piernas por un lateral de la cama, se puso de pie y volvió a la cómoda. Cuando David vio lo que cogió en esta ocasión, luchó con más ímpetu para liberarse de las ataduras.

Liam no era pasivo muy a menudo, prefería ser activo, y David era bastante pasivo de manera que realmente no era una necesidad. Esta vez, sin embargo, quería darle a David una muestra de lo que la foto le había hecho. El esbelto consolador anal que había comprado era un objeto de silicona negro que debería poder tomar sin ningún problema. Sosteniendo la dulce cabeza de David sobre una almohada, Liam no podía dejar de besarle en la frente y acariciarle el pelo húmedo retirándoselo de la cara. Luego, Liam se echó en la cama, descansando la cabeza sobre el muslo de David, de modo que su niño pudiera ver su rostro. Abriendo sus piernas, jugó durante un minuto con los anillos de sus propios pezones, simplemente disfrutando de la sensación. Normalmente algo cohibido en la cama, Liam gimió en voz alta para beneficio de David, sintiendo que su cara se calentaba. Decidido, dejó que una mano se deslizase por su estómago y rodó sus caderas contra el colchón.

—¡Oh Dios, se siente bien! —exclamó Liam cuando su mano finalmente envolvió su pene, que parecía como si hubiera estado duro durante jodidas horas. David luchó infructuosamente contra sus ataduras, pero Liam no prestó atención. Dando un último tirón a su pene, agarró el consolador negro y el lubricante de la cama a su lado. Levantó la pierna más cercana a David, presionando la rodilla a su pecho, luego puso el frío lubricante en sus dedos antes de frotarlo en su caliente agujero. Los ojos de David se abrieron a la vista de los dedos de Liam desapareciendo en su estrecho ano. Cuando Liam encontró ese punto dulce en el interior de su culo, consideró renunciar al consolador y acabar de correrse con los dedos.

—Joder… David... —exclamó mientras se frotaba y se acariciaba su propio cuerpo. «Esto era mucho mejor que una paja rápida en el lavabo de los hombres. Jesucristo»— Quiero poner tus piernas sobre mis hombros... Follarte tan duramente... —David gimió ante sus palabras, y Liam podía decir que aquello era lo que también quería su amante. Lástima que ese día hubiera sido un niño malo. Envolviendo con los dedos la base del consolador, pasó su brazo alrededor de la pierna doblada hacia el pecho y presionó la cabeza en su apretado anillo. Retorciéndolo un poco, frotando el extremo por la sensible piel, se imaginó allí la lengua de David y casi se corrió. Pasó un minuto o así antes de que pudiera deslizar el consolador dentro de su culo, sin el temor de llevar su juego a un abrupto final.

A medida que el juguete se deslizaba en casa, gruñía profundamente y David luchó con más ahínco para liberarse, gritando de frustración detrás de la mordaza. Liam se folló a sí mismo lentamente, saboreando la sensación de la polla de silicona rozando contra sus sensibles terminaciones nerviosas. Acariciando su pene un poco más fuerte, alzó las caderas contra el empuje de su mano, enterrando el juguete más profundo en cada embestida.

—Nene... Dios... —gimió Liam cuando sintió que sus testículos se tensaban contra su cuerpo. Debido al nivel de excitación en que había estado todo el día, y al hecho de que su amante le observaba con tanta atención, iba a correrse mucho antes de lo que normalmente haría, así que con reticencia soltó su polla, sintiéndola rebotar ligeramente. Tomando una respiración profunda, se sacó el consolador lentamente. Quería reservar ese sentimiento, ese desesperado orgasmo, para el culo de su novio.

Liam dejó caer el consolador al suelo, pero mantuvo el lubricante sobre la cama junto a David, luego se arrastró y se sentó a horcajadas en los hombros de éste. Frotando la húmeda cabeza de su polla contra la bola roja, delineó la boca de David, gimiendo al sentir los suaves labios. David prácticamente gritó detrás de la mordaza, rogando con ahogadas súplicas a Liam quien retrocedió para acostarse encima de David, sus labios a pulgadas de la dulce oreja de su niño.

—Quieres correrte, ¿verdad, cariño? —David asintió frenéticamente, y elevó sus caderas contra las de Liam—. ¿Sabes lo que es estar al borde? —preguntó Liam en voz baja y los ojos de David se llenaron de lágrimas de frustración—. El empleado del sex-shop me contó todo sobre ello. Es llevar a alguien al borde del orgasmo una y otra vez, sin dejarlo correrse. ¿Quieres que lo intentemos? —David negó con fuerza con la cabeza, una solitaria lágrima le caía. Liam la retiró con ternura y desató la mordaza, quitándosela y dejándola en la cama. David tragó varias veces antes de intentar hablar.

—Por favor, Liam. Lo siento, no volveré a provocarte. Por favor, déjame correrme, mi polla duele jodidamente, nene —lloriqueó cuando finalmente pudo hablar.

—No, no creo que lo sientas, y estoy de humor para escuchar tus ruegos —gimió Liam contra la nalga de David cuando se inclinó entre ellas. Se puso de rodillas, mirando el rostro de David, que parecía resignado. David cerró los ojos por un momento antes de abrirlos de nuevo cuando Liam le cogió el pene con las manos. Liam presionó el glande de su propio pene contra el suyo, y tiró con suavidad del prepucio de David para ocultar en él la cabeza de su erección. Todo el cuerpo de David se puso tenso, y su semblante mostraba tal intensidad, que Liam casi podía sentirla también. Con la mano aún resbaladiza por su masturbación, Liam envolvió los dedos alrededor de la conjunción de ambos penes, y empezó a masajearla. Se estaba masturbando con el prepucio de David, y la sensación de su glande contra el de David parecía que iba a enviar a su niño a las nubes. El sudor escurría por su dulce rostro cuando el cuerpo de David se arqueó y se impulsó dentro del toque de Liam.

—Liam, voy a correrme, nene... —gimió David, y Liam, que había estado acariciando los testículos de David con la otra mano, sintió el escroto contrayéndose, apretándose, y detuvo la estimulación. David lanzó un grito de frustración cuando, de nuevo, le fue denegado el orgasmo.

—Joder POR FAVOR, Liam —casi gritó David a su amante mientras peleaba con las cuerdas que todavía sujetaban sus brazos y piernas.

Liam le sonrió y tomó un cuchillo de la mesilla de noche. Los ojos de David se abrieron desmesuradamente hasta que vio que Liam cortaba con mucho cuidado las cuerdas que sujetaban sus tobillos a los postes de la cama. Suspiró de alivio justo antes de que Liam le agarrase las piernas y tirase de ellas con rudeza para bajarlo hasta el extremo de la cama. Girando a David sobre su estómago, Liam levantó sus caderas, de modo que estuviera de rodillas con la cara pegada a la ropa de cama. Liam tomó el lubricante de la cama y revistió sus dedos y su pene antes de frotar el dulce agujero de David con ello.

—Sí, nene, fóllame —gimoteó David, el sonido amortiguado por el suave edredón del lecho.

Liam respondió empujando la cabeza de su gruesa polla dentro del ano de su niño. David gruñó con la penetración, pero se empaló contra Liam, rogando por más. Liam agarró los brazos atados de David y, utilizándolos para embestir con fuerza, empezó a follar duro a su amante.

—Oh, mierda... Liam... por favor, no te detengas...

Liam no tenía ninguna intención de parar; su propio orgasmo estaba jodidamente cerca. Girando las caderas un poco, supo que había encontrado ese punto dulce cuando David arremetió de nuevo contra él. No necesitaba el "ahí... ahí mismo", que David estaba cantando en el colchón para saber que estaba a punto de volar la mente de su niño.

—Córrete para mí, niño, ahora —gruñó Liam en el tono más severo que pudo mostrar mientras daba una palmada dura a David en el trasero. David gritó, y Liam sintió el apretado culo aferrando su polla mientras David se corría sin un solo toque de su pene. Saber que acababa de dar a su niño su primer orgasmo sin utilizar las manos envió a Liam a toda velocidad por encima del borde y llenó el dulce culo de David con su semen.

David se desplomó hacia delante en el edredón manchado de semen, y gimió algo ininteligible. Tras desatar los brazos de David, Liam se acostó junto a su amante y le acarició los brazos con suavidad.

—No he entendido eso, nene, ¿qué dijiste? —preguntó calmadamente Liam.

—Dije —David suspiró en voz baja dándose la vuelta para hacer frente a Liam—: Jesucristo, fue caliente, y si es lo que vas a hacer cuando te provoque, mientras estás en el trabajo, te enviaré el doble de mensajes de texto mañana.

FIN

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Respuestas a esta discusión

Wow! Si a mi me castigaran asi...seguro que tambien me aprendia la lección !! Jajaja

asi dan ganas de portarse mal...jajaja....gracias chicas por el relato...corto pero HOT...HOT

Ufff menudo relato, madre mia que cosa más caliente, ha sido genial....

Hot historia, me gusta! :D

holaaa guauu que excelentee quee castigoo ahhhhhhh fue super hott me encantoo!!

Hola que castigo mas caliente ufffffff me gusto muchos, gracias y besos

Hola, esta muy bien,, cortito pero calentito, jajajaja.

Besosss

OOOOOHHHHHH por Dioooooosss!!!! Que castigo más Hot.

Buenisímo, gracias.

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