Autor: Silvia Violet

Título Original: Paws on Me: Hibernating

Página de autor: www.silviaviolet.com

 

Miro el reloj. Las nueve de la mañana y Brandon todavía no se ha despertado. Por fin tenemos un día libre, juntos, y lo desperdicia durmiendo. Últimamente lo he visto demasiado poco. Tengo hambre. Me prometió panqueques.

Le sacudo un poco. —Brandon —no hay respuesta—. ¡Brandon!

—Mmmfph.

—Brandon, es hora de levantarse.

Murmura algo y estira la manta sobre su cabeza. Me siento en la cama y tiro de la manta para bajarla.

—Hace demasiado frío —se queja.

Tiene razón en eso. El sol aún no ha derretido la helada y probablemente, por la tarde, caiga nieve o aguanieve o ambas cosas. Mi casa es vieja y con corrientes de aire. El frío parece filtrarse entre las paredes. —Dame el desayuno, luego te calentaré.

—No te estás moviendo. —Si no estuviera molesto con él, me reiría de su expresión enfurruñada. Intenta quitar las sábanas de mis manos, pero las tengo bien agarradas.

—Se supone que debemos pasar el día juntos.

—Estoy hibernando.

Resoplo con disgusto. —Los cambiaformas no hibernan.

—Lo hacen cuando hace este frío de mierda.

Suspiro. —Está bien. Entonces hiberna. Veremos si puedes pasar el resto del invierno sin follar.

Abre los ojos lo suficiente para mirarme. —No lo harías.

Me encojo de hombros. —Estarás dormido. —Salgo de la habitación antes de que pueda decir nada más.

Aparte del sexo, lo único que podría tentar a un oso gruñón para despertarse, es la comida. Quiero esperar a Brandon para hacerme el desayuno, pero también lo quiero fuera de la cama, aunque nos arrastremos de vuelta a ella más tarde. De hecho, planeaba pasar buena parte del día en la cama, pero primero necesitamos combustible, además Brandon necesita despertar para que pueda demostrarle cuan duramente puedo utilizar su cuerpo de cambiaformas.

Antes de conocer a Brandon apenas podía hacer tostadas, pero he aprendido una cosa o dos al verlo en la cocina. Me sirvo el café, saco una sartén y encuentro un poco de tocino en la nevera.

Pronto el delicioso olor del tocino se mezcla con el fuerte y rico olor del café. Incluso un oso no puede dormir cuando la carne salada y la cafeína lo están llamando.

Efectivamente, pocos minutos después, oigo el ruido sordo de sus dormidos pasos aproximarse por el pasillo.

—¿Estás haciendo tocino?

Me doy la vuelta y levanto mi ceja. —Sí. He prestado atención a algunas cosas que me has enseñado y, como mi amante se negó a seguir adelante con su promesa de hacerme el desayuno, he tenido que tomar medidas drásticas.

—¡Ah!, dame un poco de café y podrás conseguir tus panqueques.

—Póntelo tu mismo. Estoy ocupado.

Gruñe y se dirige hacia la cafetera. Luego se congela y me mira de arriba abajo. —Estás desnudo.

Mi polla se mueve bajo su lectura. —Sí, ¿qué pasa?

—Estás cocinando el tocino desnudo.

Me encojo de hombros, el calor me sube a la cara. Me hace ser consciente de mí mismo. —¿Y?

Sonriendo dice: —En tan sólo unos meses he cogido a un policía gruñón de ojos fríos y lo he convertido en un hombre que cocina el desayuno desnudo. Haces que me sienta orgulloso, teniente.

—Sigue así y no obtendrás ningún café.

—Sigue siendo tan condenadamente sexy y no obtendrás ningún desayuno.

—¿En serio? —Ahora mi polla está dura, Brandon se lame los labios al verla.

Grasa caliente del tocino salta de la sartén y me quema el culo. —¡Ay!

Brandon se ríe. —Menos mal que estás de cara a mí. Tan caliente como es tenerte desnudo en la cocina, tal vez deberías por lo menos ponerte un delantal. Soy bastante aficionado a todo eso —dice, señalando a mis partes, con un gesto.

—Sí, yo también.

—O podrías quedarte así mientras yo tomo el relevo.

—¿Estás suficientemente despierto ya?

—Suficientemente despierto como para saber lo que quiero; y para sentir que no voy a conseguirlo hasta que estés alimentado.

—Está bien, haz el tocino. Vuelvo enseguida.

Brandon frunce el ceño. —No te atrevas a vestirte. Sólo obtendrás el desayuno si estás desnudo.

—¿Puedo ir a mear o prefieres que lo haga aquí?

Brandon entorna los ojos. Luego sacude la cabeza. —No. No vamos a hacer perversiones tan temprano por la mañana.

Resoplando camino hasta el baño, fingiendo estar molesto. Realmente estoy contento como el infierno de que alguien tan joven, fresco y hermoso, como Brandon, me quiera tan condenadamente tanto. Después de tres meses juntos, mi rudeza no le ha asustado. Sé que soy un oso con el que vivir, pero aun así quiere estar allí acurrucado a mi lado cada mañana, incluso cuando estamos exhaustos de trabajar demasiadas horas.

Soy un hombre jodidamente afortunado.

Camino de vuelta a la cocina y me paro en la puerta. Brandon está sacando el tocino de la sartén. Viendo como se flexionan los músculos de su espalda al moverse me entran ganas de frotarme contra él. Mi mirada baja hasta su firme culo encajonado dentro de sus pantalones desaliñados. Su pelo sobresale en ángulos locos y su barba necesita un retoque. Parece un oso que ha despertado de su sueño invernal y es malditamente sexy.

Mi polla se endurece de nuevo. Quiero doblar a Brandon sobre el mostrador, tirar de sus pantalones de chándal y hundirme en él. Mi estómago gruñe fastidiando mi fantasía. Primero desayunar. Agarro un trozo de tocino y me apoyo en el mostrador.

Brandon mira el tocino en mi mano y agarra un pedazo para él. —Coge la leche y los huevos para mí.

Asiento con la cabeza y cruzo la pequeña cocina hasta la nevera. Cuando me inclino para llegar a coger los huevos, Brandon hace un gruñido sexy. Miro por encima del hombro y lo veo sonriendo a la vista de mi culo peludo y mis bolas colgando entre las piernas.

Sacudo mi culo. —Ven y cógelo.

—Pensé que querías panqueques.

—Maldita sea. Los quiero, pero tal vez con el tocino me baste. —El calor en la mirada de Brandon hace que mi polla se ponga totalmente dura otra vez.

Brandon me coge la leche y los huevos, vierte un poco de leche en una taza de medir y agrega todos los demás ingredientes juntos sin ni siquiera mirar una receta. Se le ve tan cómodo, tan correcto, de pie junto al fogón, y precisamente es eso lo que lo hace mucho más sexy.

Agita la leche, los huevos y la mantequilla fundida. Mi polla palpita. ¿Cómo ver a un hombre, revolviendo la mezcla, puede ponerme tan jodidamente caliente? Dejo caer mi mano para rodear mi eje, incapaz de resistir la necesidad de tocarme.

Brandon mete un dedo en la masa y la prueba. Estoy celoso de ese dedo. Quiero esos labios chupándome. Mi mano se mueve más rápido en mi polla.

Brandon abre un armario y coge la plancha. Se congela cuando me ve masturbándome. Pone la plancha hacia abajo en el fogón y se acerca a mí.

—De ninguna maldita manera voy a esperar ahora. —Reemplaza mi mano con la suya y se arrodilla. Cuando toma mi polla en el calor de su boca, me agarro al mostrador para evitar agarrarle la cabeza y empujar más hondo. Se abre para tomarme más profundo, emitiendo sonidos de placer alrededor de mi eje. Usa la lengua, los labios y los dientes para volverme loco, sabiendo exactamente los trucos adecuados para llevarme al borde demasiado rápido. Estoy a punto de derramarme en su boca, pero no quiero terminar de esa manera. Quiero que Brandon se incline sobre el mostrador.

—Brandon... para... no puedo…

Mira hacia arriba con mi polla en su boca, sus brillantes ojos verdes reflejando el éxtasis. Apenas me resisto a disparar mi carga en su boca.

—Quiero...joderte —fuerzo las palabras, luchando por respirar.

Me sonríe, entonces chupa duro mientras tira hacia afuera y se pone de pie.

Agarro la parte posterior de su cabeza y lo acerco a mí. Quiero besarlo tanto como deseo hundirme en su calor. Me encanta lo jodidamente receptivo que es, cuando nuestras bocas se unen.

Mientras le sorbo la lengua empujo sus pantalones hacia sus caderas y le agarro el culo, arrastrándolo contra mí. Nuestras pollas se rozan una con otra, Brandon va incrustándose en mí a medida que luchamos por el dominio con los dientes, los labios y la lengua.

Brandon desliza una de sus grandes manos entre nosotros y rodea nuestras pollas. Elevándonos lentamente mientras meto mi lengua profundamente en su boca, intentando introducir su sabor en mi interior.

Navego de nuevo hacia el clímax demasiado jodidamente rápido. Empujo lejos a Brandon. —Contra el mostrador. Ya.

Sonriendo dice: —Sí, señor —pero menciona las palabras en un ronroneo de burla. Le azoto una nalga de su culo mientras se inclina sobre el mostrador. Se agita y saca el culo hacia fuera para más. Lo azoto de nuevo, más fuerte esta vez.

—Dios, eso es bueno, Seth.

Le doy otro duro golpe. —Igual que esto, ¿verdad?

—Sí —gruñe, moviendo sus caderas, es obvio que le gusta.

Sigo azotándolo hasta que su culo está bien rojo y él está gimiendo y sacudiéndose la polla fuerte y rápidamente.

Ahora estoy demasiado desesperado por la liberación para explorar este nuevo interés que he descubierto. Nunca he estado inmerso en las nalgadas, pero verlo retorcerse bajo mi mano lo hace definitivamente interesante. Quiero más de esto muy pronto.

Froto mi mano por el culo enrojecido, amando el calor que irradia su piel. —¿Quieres que te ate después y hacemos esto correctamente?

—¡Sí!

—De acuerdo. Pero ahora mismo necesito un polvo duro, áspero.

—Por favor.

Me doy cuenta de que estamos en la cocina. El lubricante y los condones están en el dormitorio. Le doy una bofetada final a su culo. —No te muevas.

Asiente, pero su mano sigue trabajando su pene.

Le pego otra vez. —Las manos sobre el mostrador. He dicho que no te muevas.

Se queja, pero obedece.

Corro a la habitación a coger los suministros.

Brandon me mira, por encima del hombro, al oír como lubrico mi polla. Sus ojos se abren. —Tan jodidamente caliente.

Me sonrojo. Aún no estoy preparado para lo mucho que me desea. Empujo dos dedos lubricados en su agujero. Silba y empuja hacia atrás en su contra. —Oh, sí.

Hundo mis dedos profundamente, después bombeo entrando y saliendo varias veces. Las manos de Brandon se deslizan sobre el mostrador, tratando de conseguir agarrarse a algo. De un tirón cojo un paño que cuelga del cajón. —Apóyate en esto.

Extiende el paño entre sus manos. Me preocupa que se parta en dos.

—¿Me necesitas?

—Diablos, sí. Adelante con ello —gruñe.

Saco los dedos y me introduzco duro en su interior.

Grita y me congelo. ¡Joder, realmente no tenía intención de hacerle daño!

—¿Brandon?

—No te atrevas a parar.

No lo hago. Salgo y empujo de nuevo, apenas me impide ir tan rápido y duro como puedo. Tener a Brandon así, obedeciendo mis órdenes, con su culo caliente de mi paliza, ¡maldita sea!, no sabía lo caliente que podía ser.

—No... sal... vuelve —suplica.

No lo hago. Empujo duro y profundo, posiciono mi polla en el ángulo correcto de sus caderas para frotar su próstata. Jadea mientras tira del paño tensionándolo.

Suelto mi control y me dejo llevar, trabajándolo rápido y duro. Me inclino sobre él y encajo mis dedos con los suyos, presionando sus manos en el mostrador. No voy a parar, ni siquiera si la casa se incendia.

Estoy al borde, y no puedo contenerme. El calor de Brandon amordaza mi polla, llevándome más profundamente. —Córrete Brandon.

—¡Oh, mierda!, —grita, su culo me aprieta fuerte, cuando dispara su carga contra el armario.

El placer abrasador explota en la base de mi espina dorsal, me corro con tanta fuerza que veo las estrellas. Golpeo contra el culo de Brandon, enterrándome a mí mismo tan profundamente como puedo. —¡Brandon!

—Te amo, Seth.

Me derrumbo sobre él. Mi cuerpo todavía se estremece, tensionándose pero no puedo soportar más. —Yo también te amo —le susurro, cuando tengo el aliento suficiente para hablar.

Permanecemos inmóviles durante varios segundos, respirando uno contra otro, flotando en el caliente placer.

Mis rodillas amenazan con doblarse cuando trato de ponerme de pie, pero me fijo lo suficiente como para tropezar con el bote de basura y desechar el condón.

Brandon gime y se empuja a sí mismo fuera del mostrador. —Eso fue increíble. —Pone las manos en la base de su espina dorsal y arquea la espalda, extendiéndola.

—Maldición, era inevitable, ahora me haces panqueques.

—Bastardo exigente, ¿no?

—Porque antes tenía algo de hambre. Ahora me comería un oso. —Le enseñé mis dientes.

—Mmm. Muérdeme —dice, sonriendo.

Niego con la cabeza. —Tendrás que esperar hasta más tarde. Voy a pegarte muy duro, no te sentarás en días.

Sus ojos se iluminan con anticipación. —Eso me gustaría —su voz es baja y ronca, y mi polla responde a pesar de lo que acabamos de hacer.

Brandon coge el paño que ha estado sosteniendo y limpia el desorden que ha hecho. —Después de comer, iremos a la cama a hibernar.

—Siempre que hibernar signifique joder con ocasionales siestas.

Brandon coge un poco de la mezcla para panqueques con sus dedos, y luego los chupa sin dejar de mirarme. Los adentra duro llevando la lengua entre ellos para obtener hasta la última gota.

Jadeo viéndolo.

Da un último lengüetazo a sus dedos y suspira. —Tengo la intención de usarte tan bien, que vas a mendigar dormir durante meses.

¡Ah, sí!, este va a ser un buen día.

FIN

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Respuestas a esta discusión

Gracias por la historia....
Besos

AJAJAJJ muchas gracias por este cuento corto tan calienteeeeeeeeeee ijijjiji Mil gracias y besos

Me encantan estos relatos...cortitos pero bien sustanciosos 

Este relato me ha encantado,buenisimo!

GRacias, es un corto  super caliente.

caliente y sustancioso....gracias por tan buen relato!!!

Si fascinantee esta historiaa yy ufff super calienteee jee...que desayuno que tuvieronn estos doss....jee gracias por la historiaa!!!! besos!!

Guau.... Hot, hot.... jojojo...

Muchas gracias por el relato...!!!

besotes!!!! .^_^

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