En la presentación de '49 goles espectaculares' de Davide Martini

El 14 de febrero, día de San Valentín, acudí a la librería TopBooks de Fuencarral (Madrid), con motivo de la presentación de 49 goles espectaculares, la primera novela del italiano Davide Martini, recientemente publicada por Dos Bigotes.

Foto: Davide Martini (izquierda) y Fernando J. López (derecha)

49 goles espectaculares comienza en la víspera del primer día de clase de Lorenzo, un chico de 17 años que sueña con ser escritor y que se prepara para afrontar el último curso de instituto. La llegada de Riccardo, un enigmático alumno al que sus padres han querido alejar de Roma, hará que su mundo se tambalee y revelará los desafíos que el protagonista debe afrontar para alcanzar la felicidad.

La novela ha sido traducida por Elisa Rossi que asistió a la presentación. El original diseño de portada, como el resto de las obras editadas bajo este sello editorial, es de Raúl Lázaro, a quien tuve la oportunidad de conocer allí. Entre el público, también escritores como José Luis Serrano (Elputo Jacktwist), actores (Joel JL y Víctor Algora, los chicos guapos protagonistas del booktrailer de 49 goles espectaculares), y más. 

Así que en aquella librería, entre estantes repletos de libros, y entre buena gente (no se me ocurre un escenario mejor), Fernando J. López charló, y entrevistó, a Davide Martini, para deleite de todos los presentes. 

Una de las cosas que más me gustaron fue que no se trató de la típica entrevista donde uno llega a saber más de la obra y del escritor entrevistado por sus respuestas, sino que en este caso el entrevistador era asimismo un autor, con gran experiencia en el mundo adolescente, que además de preguntar ofrecía su punto de vista sobre la novela. Como sabéis, Fernando J. López, compagina la docencia con su faceta de novelista y dramaturgo. Entre otras, es autor de La edad de la ira (finalista Premio Nadal 2010) que también aborda el tema de la adolescencia, la homosexualidad y la educación.

Antes de la charla/entrevista, Gonzalo Izquierdo y Alberto Rodríguez (Dos Bigotes) hicieron una pequeña introducción tras las palabras de bienvenida. «49 goles espectaculares es una novela de iniciación sobre dos adolescentes que están a punto de entrar en la edad adulta. La novela fue publicada en 2007, en Italia. Una de las cosas que más nos gustó cuando la leímos fue la mezcla de ironía, ternura y cierta pizca de nostalgia con que Davide Martini aborda la adolescencia y la homosexualidad. Queríamos empezar 2015 con una novela juvenil y que abordara la homosexualidad desde una perspectiva que nos parece muy cercana al público al que va dirigida», nos explicó Gonzalo.

«Además de autor, Fernando J. López es profesor de instituto, de modo que puede ofrecer una visión muy cercana y de primera mano de cómo es el día a día de un joven homosexual», destacó Alberto al presentar a los dos escritores.

Para quienes no pudisteis asistir, a continuación transcribo (lo más fielmente posible) las palabras que intercambiaron Fernando J. López (en adelante, FJL) y Davide Martini (DM), respecto a 49 goles espectaculares

FJL: A mí me dan mucha rabia las presentaciones donde nos destripan la novela. Esta novela es un texto que no merece ser destripado. Porque es un texto donde hay mucha vida, donde es muy fácil reconocerse; y es difícil escribir un texto en el que uno se reconozca.

Lo que más me ha gustado es esa ternura de la que hablaba Gonzalo y Alberto. Es una ternura real. Es muy difícil conseguir la ternura en literatura. Todos creemos que hacer una historia cotidiana, una historia casi costumbrista a ratos, parece más sencillo, parece más próximo, pero como todos hemos experimentado esa ternura, todos hemos tenido esa edad, y todos podemos opinar, en el fondo es un riesgo. Es muy complicado hablar del día a día; muy complicado hablar de lo que a todos nos pasa; y muy complicado hablar de lo pequeño. Y a mí esto es lo que más me gusta de este libro; que quizás el mayor gol que yo he vivido en la experiencia lectora con esta novela, ha sido que he vuelto a esta ternura de cuando tenía 15 y 16 años, y me estaba descubriendo. Pero, claro, la ternura no es cursilería, la ternura es dolorosa. Tú te enterneces porque algo te toca la fibra y estás entre el llanto y la sonrisa. Y a mí esa mezcla, entre dolor y felicidad, es una de las cosas que también me parece que están más conseguidas. Y que están muy conseguidas a través de dos personajes, y voy a empezar preguntándote por ahí.

Davide, uno de los ejes son ese mundo de Lorenzo y ese mundo de Riccardo. Cuéntanos, ¿cómo son, cómo surgen y qué tipo de vidas hay detrás de cada uno de ellos?

DM: Muchas gracias a todos por venir. Había pensado decir que no hablo muy bien el castellano, pero creo que no cuela (risas). Quisiera agradecer a los editores el trabajo que están haciendo de extender la cultura, la literatura y, sobre todo, la de temática gay en un momento social que es complicado. Y gracias por apostar por esta novela. A Elisa, que ha hecho un trabajo de traducción maravilloso, que me encanta, porque me siento a leer el libro en castellano y veo algo suyo también y eso aporta algo más.

Dicho esto, para mí volver a presentar 49 goles espectaculares, después de siete años de su presentación en Italia, es la oportunidad de tener una segunda primera vez, de algún modo. Porque es verdad que cambia el contexto social, cambia el contexto cultural y la novela toma otra perspectiva. Y también cambia mucho la actitud. Creo que después de leerla y releerla tantas veces, y después de siete años, descubres otra novela. Está la voz que narra el personaje de Lorenzo, ese chico que quiere ser escritor, con esa tendencia a intelectualizar todo, a poner esa distancia a las cosas. Y Riccardo, que es un poco un “ideal erótico” y afectivo; es un poco un héroe, aunque luego los papeles cambian y al principio es Riccardo el héroe, después es Lorenzo quien se convierte en el héroe. Y con el tiempo me he dado cuenta que, en realidad, son parte de mí. Yo creía que Riccardo era lo opuesto de todo lo que pudiera imaginar, y resulta que me siento más próximo a Riccardo, ahora que tengo 34 años, que con los 25 con los que empecé a escribir la novela. La gente muchas veces me pregunta por los demás personajes; y es verdad que me doy cuenta que me había inspirado en personas de mi vida, en mis compañeros de aquellos tiempos, pero también me doy cuenta, releyendo la obra, que ellos son también yo, aunque con diferentes caras. Lo bonito de la literatura es esto, la oportunidad de vivir muchas vidas. Y esta es fundamentalmente la relación que tengo con los personajes. Al principio me sentía más próximo a Lorenzo, y ahora me doy cuenta que soy más como Riccardo.

FJL: Me llama la atención el personaje de Lorenzo. Este muchas veces dice que no puede hacer un psicoanálisis, que no tiene tiempo de hacer un psicoanálisis, que no se va a psicoanalizar y que solo quiere contar hechos. Pero toda la novela es un gigantesco psicoanálisis. En realidad, yo esta novela se la recomendaría, sin ninguna duda, a cualquier chaval o cualquier chica que ahora esté luchando con su identidad. Que con 15 años, no sabe quién es, y siente un proceso que necesita apartarse de los demás, y necesita definirse. ¿Tú también creías que estabas haciendo un psicoanálisis? ¿Te ha sorprendido el proceso cuándo has terminado la novela, cuándo la has releído después?

DM: Cuando yo empecé a escribir la novela, la primera cosa que hice fue ir a buscar mis agendas literarias. Las cosas que yo decía, en ese diario, eran exactamente lo contrario de lo que quería hacer, de lo que deseaba. No nos conocemos del todo. Decimos que queremos una cosa, y realmente queremos otra. Y esto quizás es más característico de la adolescencia; que hay esa rebeldía en la que rechazas con fuerza algo que en realidad es lo que más deseas. Y creo que Lorenzo representa totalmente esto. Esa ironía, es exactamente intentar poner distancia con el objeto de su deseo. Y más que psicoanalizar, es un personaje que vive todo a nivel demasiado intelectual. Y ese soy yo. Y Riccardo es lo contrario; totalmente visceral, no quiere leer y, de hecho, no entiende por qué hay que leer la vida de los demás en un libro cuando tú puedes vivir la tuya. Luego el proceso es aprender el uno del otro. Riccardo aprende a entrar en contacto con sus vivencias y Lorenzo aprende a no vivir todo en la cabeza.

FJL: Son opuestos pero en el fondo ambos tienen algo que a mí me interesa mucho, como autor y como lector, que es la negación de la identidad. Y creo que eso es algo que está muy en el mundo gay; que determinados perfiles, fotos, páginas que todos conocemos, aunque “no usemos”, eso de “solo busco una amistad”, bueno, pues esa imagen para buscar una amistad es curiosa. Esa negación forma parte, a veces, de nuestra identidad porque quizá construimos con ella o camuflamos bajo cierta frivolidad, la profundidad o la vulnerabilidad. La negación como parte de mi identidad me preocupa, y como parte de mi yo homosexual.

DM: Yo creo que, en general, es fascinante. Ahora, cuando estoy con la segunda novela debatiéndome si seguir hablando de ellos o no, o empezar con otro personaje… El libro cambia de posición porque, por ejemplo, en Italia, una país que a nivel de derechos homosexuales está mucho más atrás, el libro tenía una función más política, contar una historia de amor gay, la normalidad, el día a día, y moverte en un campo que es esa edad de la pureza, de la adolescencia. Se hace en España, y cinco años aquí, me permiten reflexionar sobre ello. Y el tema es cuánto de adolescente sigue habiendo en ese mundo. Ahora, en teoría, hay todo o casi todo en la palabra escrita, tenemos los derechos y me pregunto qué queremos construir. Y entonces, en ese momento de transición, estamos todos cuestionándonos los modelos, al fin y al cabo somos la primera generación en esto.

FJL: Sí, y en eso todos tenemos una responsabilidad enorme porque tú dices que ha cambiado el contexto, y es verdad. A lo mejor ya no es un ejercicio de compromiso político, en teoría, pero sí de compromiso social. Cuando voy a dar charlas a institutos y hablo con los chavales, una de las cosas que les llama la atención es que en algún libro mío haya personajes adolescentes homosexuales. Yo creo que ahora mismo, en el mercado, no tenemos una novela como 49 goles espectaculares; no hay una historia de amor no traumática entre adolescentes, que es una de las cosas que me han gustado del libro. Es una historia de amor, con sus momentos de me enfado, no me enfado, se enfada mi amiga conmigo, ahora me enfado yo con mi amiga…, esas cosas que a todos nos gusta leer, y que nos ha costado vivir. Ese punto de nostalgia es de una naturalidad aplastante. Pero no será tan natural el contexto en el que vivimos cuando esto es una absoluta novedad. Por lo tanto, todavía falta ese hueco. Y posiblemente sea más difícil hacer leer 49 goles espectaculares en ciertos institutos que otro tipo de novela. Es decir, que en eso sí que es un ejercicio de posicionamiento, de abrir, y de contar a estos chicos.

DM: La solución más fácil hubiera sido elegir la historia de homofobia evidente, el bullying,…, pero todos sabemos y todos hemos vivido que las cosas no son tan sencillas o tan claras. La verdadera homofobia pasa a través de los silencios…, de las cosas que te dicen…, que parece haber escuchado algo…, así que quería contar esto. Alrededor de estos personajes hay gente que se aleja, gente que parece que se acerca, y esto viene de mi experiencia personal. Es decir, todos hemos vivido la homofobia latente, silenciosa, e igual de violenta que una agresión en la calle. Y esto es difícil. Me apetecía decir, a un lector joven, pues, yo estoy ya más allá de esto pero que sepas que esto es así, y que no es como en las pelis americanas que te van a pegar por la calle, porque probablemente alguien pueda ayudarte.

FJL: Lo que me gusta de la novela, y por lo que yo la recomendaría, y por lo que la he disfrutado es porque va un poco por la línea de lo que hace Dos Bigotes con su catálogo. Que son personajes homosexuales, sin embargo es un libro absolutamente universal. Son dos personajes, Lorenzo y Riccardo, que están buscando, que se están conociendo a sí mismos, que están muertos de miedo porque tienen que madurar, y muertos de miedo porque la persona que les gusta es muy diferente a ellos. Y esto se naturaliza porque no justificas que esto es una novela contra la homofobia, donde aparece el pobre gay víctima y el malo malísimo esperándole para acosarle, sino que es una novela de iniciación, que entra en un género universal y que aparte trata este tema. Yo creo que ese es el gran valor. Pienso en mis alumnos y les imagino leyendo 49 goles espectaculares; y pienso que parte de esos alumnos que no son gais ni lesbianas se pueden emocionar con esta historia porque sí que les habrá pasado que les gusta x persona y que la relación era difícil. Y a mí esa ruptura de la etiqueta y esa ruptura del topicazo en la edad adolescente (del trauma) me parece que está muy conseguida.

DM: Por eso es que está siendo, también, una experiencia nueva en España. Pues estoy presentando una novela que es una historia de amor, de diferencia, de narrar esa atmósfera de adolescencia que es absoluta, donde las emociones son todo y nada. Cuando se lee el libro claramente se ve que los dos personajes principales son ellos dos. Pero ocurre lo mismo con todo el grupo; con Giulia, la mejor amiga, y con los demás compañeros. Es esa sensación de somos todos nosotros contra el mundo. Que es una sensación que luego uno va buscando toda la vida.

FJL: Sí, es una complicidad brutal. Es un canto a la amistad, también, la novela.

DM: Sí, por ejemplo, a mí el personaje de Giulia me encanta.

FJL: Se nota, la retratas muy bien como autor, se ven tus predilecciones… (risas)

DM: La verdad es que Giulia, me encanta. Es un personaje que está muy presente pero, claro, por tema de espacio, se queda al margen aunque al final tiene un papel fundamental dentro de la historia. Es un motor de la historia de amor entre ellos, y ahí también es un amor que va más allá del género y la sexualidad.

FJL: ¿Y por qué para contarnos todo esto, usas la palabra «goles»? De entrada me sorprendió. Luego me tranquilizó mucho que apareciera Proust y otros muchos autores. Pero esa idea de utilizar esos dos mundos, el de la literatura y el del fútbol…, ¿por qué coges esos dos ejes para construir el libro?

DM: Es un poco tópico: el fútbol, que a los gais no les gusta el fútbol,… Era un tópico en un país como Italia, bueno, en esto España es igual, y me apetecía. Y es cierto que en mi entorno conozco a gais que les encanta el fútbol. Me parecía un tema fascinante. Además fue como un reto para mí porque yo tampoco entiendo nada de fútbol.

FJL: Tampoco sabes lo que es un fuera de juego, ¿no? (risas)

DM: Ni idea.

FJL: Me alegra. Si alguien sabe lo que es que luego nos los explique (más risas).

DM: De hecho, efectivamente, me pasé varios días con mi padre intentándome explicar, con dibujitos y en el ordenador, lo que era; y aún hoy sigo sin entenderlo. De hecho, copié literalmente de él la frase que dice el personaje cuando explica en qué consiste en el libro. Pero el fútbol me parecía algo fascinante.

FJL: Fascinante, meterte en otro mundo…

DM: Fascinante contar algo que no es habitual que se asocie a la homosexualidad. Y claramente, también, me permitía jugar con un tema un poco más de fantasía erótica: el futbolista, el chico popular…

FJL: Precisamente también en Lo que no se dice, una antología de relatos de Dos Bigotes, Luisgé Martin escribe un relato sobre el fútbol, uno de los mundos más homófobos, donde más miedo hay, a pesar de los jugadores que han salido del armario y cuántos los que sabemos que estarían deseando salir. O sea, que además estás tratando otro tema que socialmente va más allá de la adolescencia, y es el mundo del deporte.

DM: Me parecía una provocación, también. Sé que voy a escribir una novela gay y en el título quiero que salga algo de fútbol. Y esta era la idea. En ella se hace referencia a un recopilatorio de goles. Un día, en una tienda de Roma, vi un DVD que se llamaba así y me dije, mira qué bonito.

FJL: El hallazgo del siglo (risas). Otra cosa que me ha gustado, es que hay mucho humor en el texto. Personalmente me he reído mucho con el diario. ¿Qué papel tiene el humor? ¿Cómo has construido esa voz? ¿Cómo has construido ese diario? ¿Y hasta qué punto estás ahí, bajo esa ironía tan marcada del personaje?

DM: La primera cosa que hice cuando empecé a escribir la novela fue leer todo lo que se podía sobre el tema, y en EEUU hay una tradición sobre ello, y es todo muy tópico. Entonces empecé a leer muchísimo, volví a leer Maurice, otras novelas de adolescente, y lo que no quería hacer era escribir una novela de dramas o autocompasión. El diario (mi diario), yo era así. Exactamente así. Tenía la tendencia a utilizar la ironía para poner mucha distancia. Y es verdad, que si quieres hablar de la vida, de las experiencias cotidianas, lo que tienes que hacer es alejarte de la narrativa, de lo que es la idea de la narrativa. Por otra parte, es lo que me gusta a mí cuando escribo: los pequeños detalles que hacen el personaje.

FJL: Sí, y sobre todo que tienes que darle voz a alguien mucho más joven y a mí, por ejemplo, como autor de novela juvenil me chirrían mucho esos libros donde estás leyendo a un quinceañero o a una quinceañera y ves perfectamente al autor de treinta y tantos o cuarenta y tantos detrás de esa voz. Y me parece que aquí esto está muy conseguido. Cuando estás leyendo, la voz de Lorenzo funciona en toda la novela, pero especialmente en esos momentos donde lo dejas ya solo, con ese desahogo, que es un diario, donde no hay ejercicio literario, en teoría, sino que tú te vuelcas sin más. El ejercicio literario que hace el autor es un doble juego; es un salto, una acrobacia. Y a mí me ha gustado eso especialmente.

DM: Precisamente fue lo que más trabajo me costó…

FJL: Más depuración, ¿no? Seguro.

DM: Claro, porque para Lorenzo el modelo literario era yo. Y para ese diario fue un trabajo muy duro porque tuve que quitar y depurar. Pero a la vez fue bonito porque me permitía plasmar en ese lenguaje escueto, algo poético. Pues para mí, al fin y al cabo, la belleza son esos momentos en que te deslumbra algo pequeño y te hace sentir vivo.

FJL: Otra cosa de tu estilo que me llama la atención son los diálogos. Hay muchísimo diálogo. La verdad es que podríamos hacer una escenificación, una lectura de muchas escenas, que casi están teatralizadas o guionizadas. Y es un diálogo muy ágil, muy dinámico. ¿Es muy importante el diálogo en tu forma de escribir o al menos en este texto?

DM: Sí, hay mucho diálogo en la novela porque, en todo momento, tenía en la cabeza la idea de acercarla al público al que iba dirigida. Aparte de que hoy tengo mucha más relación con el mundo cinematográfico que literario.

FJL: ¿Tenías muy claro que el adolescente era el lector potencial de tu libro?

DM: Sí, aunque cuando lo publiqué en Italia, descubrí que no era exactamente así.

FJL: Para el adolescente es un libro de descubrimiento, y para nosotros que no somos tan adolescentes, es más un redescubrimiento. Hay un acto de nostalgia aquí. Hay una frase de la novela que indica “Te das cuenta que vas a recordar esto siempre”. Y es verdad que, en cierto modo, la lectura te despierta esas historias, te devuelve a ese primer instante o a ese primer amor. Lo hermoso del libro es que quizá según la edad de quien lo lea se tiene una experiencia totalmente distinta, ¿no?

DM: Sí, a mí me sorprende mucho porque cuando salió en Italia, hubo adolescentes que me escribían. También hubo muchas personas con más de 50, 60 años, que me escribieron diciendo ‘he vuelto a vivir ese momento’, ‘qué maravilla’. También, en alguna ocasión, ‘qué pena que no haya podido vivir esto’, porque en aquellos tiempos no se podía ni contar, ni decir. Muchas chicas heterosexuales también me escribieron. Aunque con los libros pasa lo que se dice de los hijos; que luego van por el mundo y hacen lo que ellos quieren. Pero sí, escribí la novela pensando en un público adolescente.

FJL: Quizá por eso es tan evocador. Has pensado en ellos sin darte cuenta que la educación estaba dentro del libro. Y eso funciona. A veces uno se está esforzando tanto por recrear el recuerdo, que al final al lector lo distancio porque ve el truco. Aquí parece que ese recuerdo aflora y surge de forma natural.

DM: Yo creo que también la vida es así. Coges todo un trozo de tu vida, y lo plasmas ahí. Quería cerrar una época y este trabajo para mí ha sido como una terapia. Volver a leerme… Yo en esto me veo a los 18 años, a los 25 cuando lo escribí, y ahora con 34 me vuelvo a ver. Por ejemplo, me llama la atención que, aquí, los adultos no salen muy bien parados y esto era una intención de la novela. Es muy típico de la adolescencia. Son todos un poco cobardes. Los padres casi no están, y cuando están son muy torpes. Y eso recuerdo, efectivamente, de la adolescencia. De la sensación de que esos adultos no sirven de nada, que solo están molestando.

FJL: Eso está desde Shakespeare. A Romeo y Julieta les habría ido muy bien si no hubiera habido adultos a su alrededor. Mira cómo terminaron. Aquello acaba fatal. Yo ahí coincido contigo. Me siento más cercano a la adolescencia que a los adultos, la verdad.

DM: El otro día me decían Alberto y Gonzalo que tenía que escribir algo para una revista sobre la homosexualidad en la adolescencia desde la perspectiva que te da el paso de los años. Y me he dado cuenta que yo pertenezco ahora a la categoría de los adultos. Sin duda. Entonces, ¿quién soy yo? ¿Cómo soy yo como adulto? Y esto cambia continuamente. Y creo que eso es lo bonito en literatura; que cada vez tienes que volver a plantearte las cosas, y la relación con los personajes.

FJL: Nos lo planteamos porque seguimos siendo adolescentes. Yo siempre lo digo. A mí me gusta mucho el origen de la palabra, que adolescente es quien adolece de algo; a quien le falta algo. Y a todos nos falta algo. La gente que de repente es muy madura me da mucho miedo. Yo espero sentirme muy cerca de esos personajes mucho tiempo; de sus dudas.

DM: Yo creo que escribir y crear es especial. Jugar con los personajes, moverlos, controlarlos…

FJL: Yo creo que ahí se te ve cierta vena de crueldad (risas).

DM: Bueno, luego ellos te controlan a ti, bastante.

Después, Fernando J. López invitó a los que asistimos a hacer preguntas, aunque nadie se animó (supongo que unos por vergüenza, otros porque aún no se habían leído la novela). De modo que Alberto Rodríguez, fue quien hizo la pregunta que normalmente a todos los seguidores de un autor nos interesa: «Estás con la segunda parte de esta novela, ¿qué tal la llevas?».

La respuesta de Davide Martini, me dijo que teníamos que ser pacientes y esperar algo de tiempo para leer el devenir, años después, de Lorenzo y Riccardo. «Es difícil, en el mundo de hoy, aún más. Pero me estimula mucho escribir sobre cómo viven esos personajes, que tanto hablaban mal de los adultos, cuando en teoría han pasado casi 10 años. Ellos ya no pueden jugar a ser adolescentes. A no saber. Además, me gustaría que hubiera ese tema de la diferencia cultural, entre Italia y España, dos países tan próximos pero, también, en ciertos aspectos, tan alejados. Y en esto me estoy moviendo. Lo que os puedo decir es que los personajes se muestran exactamente al contrario de lo que eran. Ahora Lorenzo es el más atrevido. Y Riccardo es más clásico. Y hasta ahí puedo adelantaros».

Sin más preguntas, y tras la lectura de un bello fragmento de 49 goles espectaculares, se dio paso a la firma.

¿La segunda cosa que más me gustó? Que hubo tiempo para saludar, charlar entre nosotros y, cómo no, de disfrutar de unas cervezas bien frías.

Así que animaos a experimentar de nuevo ese amor adolescente, esa primera vez. 49 goles espectaculares está ya en librerías.

Por Annie Moneth

 

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