En la presentación de 'Palabra y pluma. Textos políticos y otras mariconadas'

El pasado 9 de enero tuve el placer de asistir a la presentación de Palabra y pluma. Textos políticos y otras mariconadas, el segundo libro de Gustavo Pecoraro, escritor, periodista y activista gay nacido en Argentina. Me avergüenza decir que no le conocía, ni siquiera hice la conexión (idiota de mí) con el premio de poesía que le otorgó Dos manzanas, en 2013, por su libro Deseo. Sin embargo, un post en el muro de Facebook del también escritor José Luis Serrano, con una cita de su libro, hizo que me personara allí.

La muerte de mi amigo Ricardo, así como la de otros amigos como Pablo, Remi, Roberto y Carlos Jáuregui, o como la de algunos de mis primeros novios Fabián, Jorge o Roberto, son parte de un pasado horrendo que tuvimos que afrontar como colectivo, como sociedad y fundamentalmente como putos. Algunos de los cuales también somos personas viviendo con VIH. ¿Cómo contar la sensación de besar la frente fría de aquel que tantas veces besaste en la boca?

                                                                            (Fragmento de Palabra y pluma, G. Pecoraro)

Admiro a las personas, especialmente a la de esa generación, que tienen la fortaleza de mirar atrás y de canalizar su rabia en el presente para luchar por los derechos que le corresponden como colectivo. En ser la voz de una minoría de la que otros abusan, maltratan y/o desprecian y, según qué lugares, hasta encarcelan o matan. En ser los protagonistas de un activismo cuyos logros benefician no solo a aquellos que luchan a su lado sino a otras personas del colectivo que, por las razones que sean, no pueden o son incapaces de enarbolar una bandera. A estos les entiendo. Como decía mi abuela, “hija, para ello tienes que valer”. Yo hace tiempo que descubrí que cada uno hace frente a sus fantasmas como puede.

Me presenté en la librería Traficantes de Sueños, a la hora prevista. Allí estaban, entre otros, Boti García Rodrigo (presidenta de la FELGTB), Héctor Anabitarte (escritor y periodista, fundador del primer grupo homosexual en Argentina a finales de la década de los 60, Nuestro Mundo; e integrante del FLH-Frente de Liberación Homosexual en los 70), Javier Sáez (sociólogo, activista especialista en teoría queer y psicoanálisis), Eduardo García (escritor), Lawrence Schimel (escritor y traductor). Por supuesto, Grace Trujillo (activista e integrante de la Asamblea Transmaricabollo de Sol), Sejo Carrascosa (activista y escritor) y José Luis Serrano (escritor), amigos y compañeros de cartel (alguno también de batallas) del protagonista de la tarde, Gustavo Pecoraro.

Gustavo ha vivido 10 años en España, pero la mayor parte de lo que recoge el libro se refiere a Argentina. El libro está estructurado en tres partes: las Editoriales vahídas (editoriales del programa de radio El Vahído que dirige Gustavo en Buenos Aires), Entrevistas y notas periodísticas y, por último, Otras mariconadas, la más divertida.

“Es una biografía política, de quien lo escribe, periodista, escritor y activista gay (y con una larga trayectoria) y, al mismo tiempo, es un recorrido por las luchas de las últimas décadas en las que Gustavo ha estado presente. Este recorrido tiene algo de generacional, algo o un mucho, con el que acortamos los pocos años que nos llevamos; salvando estas distancias, la verdad es que me siento muy identificada”, empezó Grace Trujillo después de los consabidos agradecimientos. “El libro me llama mucho la atención porque son muy familiares muchos de los debates, las tensiones, las vivencias que recoge, y que sean del otro lado del charco”.

Grace destacó cuatro razones que hacen más que recomendable la lectura de este libro.

La primera, por la cuestión de las memorias, o mejor dicho, de las memorias políticas, de las organizaciones, de los activistas que, muchas veces, de manera anónima, han estado en la calle peleando por la consecución de derechos y libertades de personas LGTB. “Nadie va a escribir nuestras memorias políticas, salvo nosotras, y nadie va a venir a organizarnos los archivos de nuestras memorias disidentes si no nos ponemos a ello nosotras. Estos archivos en España a día de hoy son inexistentes o casi inexistentes, y contamos en este ámbito con muy poco apoyo institucional”, expresó Grace.

“Me gusta también por este ejercicio activista que hace Gustavo con ayuda del humor y la ironía, y de las herramientas de toma de la palabra activista. Esta toma de la palabra es radicalmente marica, ecléctica, fiscalizadora de la realidad social y política, como se refleja en la editoriales de El Vahído”, fue el segundo aspecto que destacó Grace. Estas editoriales hablan del reconocimiento de las familias de LGTBI, sobre el aborto, sobre el asesinato de Pepa Gaitán y de Daniel Zamudio, la ley de diversidad de género, sobre el Papa Francisco, etc.

En cuanto a las entrevistas, Grace reconoció el placer que le supuso encontrar en ellas a activistas que llegó a conocer cuando estuvo viviendo un tiempo en Argentina con una beca de investigación.

“Creo que este libro es un disparador. En el momento en que vivimos recortes a mansalva de todo lo público, con su impacto especialmente grave en mujeres, trabajadores, transmaricabollos, e intersecciones entre estos grupos, el libro sirve para tomar conciencia de dónde venimos y del camino que nos queda por recorrer en tantos ámbitos. Y creo que también nos recuerda la necesidad de salir de una vez por todas de la política de compartimentos estancos en la que estamos atrapados. Es fundamental buscar las intersecciones, aunque sean puntuales, y trabajar en tender puentes en las luchas sociales”, fue el último aspecto que reseñó Grace.

A continuación tomó la palabra Sejo Carrascosa, cuyo desparpajo y descaro me sorprendió y disfruté. “El libro, que me lo leí de una sentada porque soy así de ansioso, me encantó. Me gustaron sus tres partes, sobre todo las editoriales (…) porque tienen el tono panfletario, el tono de arenga y oratoria que hace que me mueva. Impresionante”, fue el primer aspecto que subrayó Sejo. Añadió, arrancando las risas de los presentes, que alentaba a “tomar El Palacio de Invierno, la Bastilla o lo que sea menester”.

Otro aspecto que Sejo aseguró que le había parecido una maravilla es el título del libro. “Creo que la maricona está desapareciendo. Esa maricona que Gustavo recoge bien en la parte tercera del libro, en los cuentos de Enrico Pomodoro”, justificó. “Tenemos que reivindicar a la maricona porque es una especie en extinción. Parece que está mal vista en el mundo de los gais. Echo mucho de menos toda esa literatura, todo ese barroquismo, toda esa forma de ver y sentir la vida con una feminidad que me gustaba ver antes en los hombres. La maricona no quiere igualdad. La maricona lo que quiere es un hombre”, dijo rotundo Sejo. Y claro, hubo más risas.

“Me gusta mucho romper esa simetría porque representa más identidades que se conjugan. Hoy en día se intenta luchar para que todo sea igual. No digo que la igualdad sea mala, sino que hay que apostar por la diversidad (…). Antes se utilizaba el uso del femenino hasta la saciedad. Se metía el femenino donde fuera. Me parece interesante y me gusta mucho que esté recogido en este libro. Creo que sigue habiendo en esa femineidad un puntito de subversión”.

“Las entrevistas también me gustaron. Muchas de las preguntas me parecieron buenas y están bien hechas”, continuó Sejo.

Otra de las cuestiones que destacó fue el tema del VIH, y escuchándole se me pusieron los pelos como escarpias. “Para los que hemos pasado la pandemia y somos supervivientes y, como digo yo, sentimos a veces la vergüenza de ser supervivientes, tengo una sensación extraña porque hay mucho muerto detrás, mucho silencio, que jamás va a tener sonido…, que jamás va a poder tener imagen…, y es de todos, son todos estos compañeros que nos dejaron. No se hizo justicia con ellos”. Y añadió: “Me parece interesante que se reivindique en el libro la lucha contra el VIH. Los tratamientos VIH son bastante caros y gracias a la lucha se garantiza un sistema sanitario. Un sistema sanitario que está haciendo aguas por todas partes. Este tipo de libros, donde se recoge el activismo, es muy necesario. En España, gracias al trabajo de activistas durante muchos años, se logró que el Gobierno de Zapatero aprobase en España la ley de matrimonio homosexual. (…) Este activismo es importante porque la Historia nos ha demostrado que se puede ir hacia atrás. No podemos conformarnos ni sentirnos seguros porque en España se haya conseguido esta ley”, advirtió Sejo, poniendo como ejemplo el intento de modificación de la ley del aborto por parte de Alberto Ruiz Gallardón. “Creo que es importante seguir impulsando este activismo desde la calle, desde las letras, desde nuestras vivencias personales”, finalizó Sejo.

El tercero en tomar la palabra fue José Luis Serrano, que dadas las bromas que le dirigieron sus compañeros, a raíz de los últimos post subidos en su muro de Facebook, expresó “me voy a hacer famoso por creyente”. Y más risas…

“La primera parte del libro que son las editoriales de El Vahído, que no tienen nada de vahídas, (son cualquier otra cosa menos ‘desmayadas’), hablan de cosas que a mí me han interesado muchísimo y sobre las que yo he escrito: la muerte de Daniel Zamudio, de Pepa Gaitán,…”, continuó este autor.

“Me encanta, también, su pasión por los activistas como Carlos Jaúregui, alguien a quien él (refiriéndose a Gustavo) adora y que lo único que lamentamos es no haber tenido alguien así aquí, aunque seguramente hemos tenido a otros”.

Respecto a las entrevistas, José Luis destacó una frase de Gustavo, profunda y significativa, que le gustó: “nos debemos como comunidad alentar la mirada al pasado”. “Creo que la parte de las entrevistas (del libro) es un documento histórico”, añadió. “Incluye entrevistas a personas a las que yo ya conocía como Boti García Rodrigo, Javier Sáez, Boris Izaguirre... Y a otras a las que no he conocido en mi vida y que ahora, a través de su programa y las redes sociales, lo he podido hacer”.

José Luis afirmó que entre las notas periodísticas la que más le gustó es una escrita sobre la decadencia de Chueca. “Quizás ha sido un visionario (refiriéndose a Gustavo) pues Chueca ha dejado de existir o ya no es lo que era”. La segunda que destacó “para que vean que en el libro no solo hay activismo y humor, sino también poesía”, es con la que he empezado esta nota y que logra emocionarme cada vez que la leo: La muerte de mi amigo Ricardo, así como la de otros amigos…

Hubo un momento (para mí) tierno además de simpático. Yo me pasé años diciendo ‘usted me gusta’, hasta que encontré a alguien que me lo dijo a mí”, comentó José Luis. (Ohhhhhh).

Sin embargo, la parte que más le llamó la atención (pues ya conocía las editoriales y las entrevistas), es la de Otras mariconadas. “Son unas crónicas que podría calificar camp. Es (refiriéndose a Enrico Pomodoro) un Terenci Moix alocado. Estoy seguro que Gustavo ha metido a personas con su nombre real, como el futbolista Juan Sebastián ‘La Brujita’ Verón, que más de uno habría deseado ser balón para que nos pateara a base de bien (risas), y a otras con nombre falso”. José Luis incidió en el humor, ese rasgo que él mismo cultiva tan bien en su obra, y con el que se siente “tan cómodo”. “El humor hay que saberlo combinar y dosificar con la rabia. Y Gustavo esto lo hace muy bien”. Terminó ahondando en la idea del humor como herramienta de transformación social, de superación: “Me gustaría pensar que al pueblo nos queda otra cosa después del humor que es la rabia”.

Cuando Gustavo tomó de nuevo la palabra, agradeció a los asistentes su presencia, y en especial a personas que conocía de Argentina como Héctor Anabitarte. Dijo emocionarse por encontrar allí a “gente de diferentes palos, que están en el mismo barco”. Y tuvo su momento poético cuando expresó al respecto: “aunque tengamos nuestras diferencias, aunque tengamos diferentes posiciones, somos gente en el mismo barco que tenemos que enfrentar las mismas tormentas, los mismos naufragios en el horizonte”. Tuvo palabras de gratitud hacia la librería Traficantes de Sueños que acogió la presentación, hacia los organizadores los compañeros de la Asamblea Transmaricabollo de Sol, también hacia sus compañeros de mesa: Grace Trujillo, “compañera y amiga”; Sejo Carrascosa, “marica de culto” quien representa para él “la generación en la que se miró para lanzarse a hacer algunas cosas, otras no”; y José Luis Serrano, “un escritor de puta madre, con dos novelas que han generado un revuelo editorial y bueno, que le siguen un montón de personas”. “Por más que quieras ser ‘odiosa’ te siguen llamando para presentar libros. Estás muy pedida”, le dijo de broma a José Luis.

Finalizó explicando qué pretendía al escribir Palabra y pluma. Textos políticos y otras mariconadas. “La pretensión de este libro es mostrar a las nuevas generaciones que estos últimos años de conquistas tan importantes que han permitido en Argentina que incluso un montón de jóvenes de las nuevas generaciones salieran a gritar libertad a la calle, a amarse, a casarse, a decidir ser lo que quieran ser, son consecuencia de casi 50 años de recorrido de activismo LGTBI en Argentina, con personas que fueron los gestores de esos primeros años, en asociaciones que ahora ya no existen y que fueron denostadas por la dictadura. Y me parece muy importante mirar hacia atrás para saber de dónde venimos. Debemos contar quiénes eran nuestras voces en otros tiempos y debemos contar que no todos los tiempos fueron tiempos de libertad o de aire fresco en la cara”.

“Alentar mirar al pasado tiene que ver con reconocer la Historia, con reconocer la memoria y con tratar de construir una Historia no solo en base a nuestras propias experiencias, sino a la de otras voces que ahora ya no están. En Argentina, existieron personas que hicieron un gran trabajo por la visibilidad en épocas muy duras. En Argentina, las nuevas generaciones tienen que aprender que hay que resistir. Que nada ha llegado de la mano de nadie y que, en todo caso, es un trabajo colectivo que se ha logrado (…) como consecuencia de años y años de lucha, y de decenas y decenas de personas que, aunque ya no tengan voz, es bueno que la reconstruyamos entre todos”, subrayó Gustavo.

Aquí fue cuando me levanté, y con un “subidón” increíble salí de la sala derecha a la mesa expositora de los libros. Ni vino, ni sardana, ni el estupendo (estoy segura) trabajo de Manu Clavijo. Deseo y Palabra y pluma. Textos políticos y otras mariconadas, ahora son míos.

Annie Moneth.

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